Personal

byestevejobs

06 Oct Adiós Steve Jobs, escribía desde su MacBook Pro

Imagen de Warbear.

No puedo más que sentirme profundamente afectada por la muerte de Steve Jobs. Releo su archifamoso discurso en la ceremonia de graduación de la Universidad de Stanford el 12 de junio 2005 y compruebo en wikipedia que era budista. Ese discurso es un discurso budista. O por lo menos esas son las enseñanzas que yo estoy extrayendo del budismo en estas última semanas de mi vida consagradas a su estudio. Desde la muerte de mi padre, el pasado 22 de agosto, ya no tengo vergüenza ni le doy más rodeos, estoy radicalizando mis posiciones espirituales. Si es que es posible hablar en estos términos.

El seños Jobs fue doblemente rechazado en su nacimiento. Su madre biológica le dió en adopción y en el último momento su familia de adopción le rechazó esgrimiendo que querían una niña. Rechazaron a un pequeño bebé genio. O tal vez rechazándole, le hicieron. Ya sé que las generalizaciones son odiosas, pero que alguien venga a refutarme lo siguiente: que tus padres biológicos te rechacen en cualquier modo, es muy doloroso. De alguna forma las personas que no fuimos deseadas por sus progenitores llevamos el estigma privado de que aquí no se nos quiso, que estamos de más en esta fiesta.

Si yo siento el dolor del rechazo de mi padre biológico, al que nunca conocí y que moriría sin conocerme cuando yo tenía unos veinte años, ¿como debe sentirse sufrir el rechazo de tus padres biólogicos y de tus padres adoptivos? Steve Jobs habla de ello en el discurso de graduación famoso. Y así explica los pasos que siguió en su carrera profesional. Conectando. Explicando a los jovencitos pipiolos universitarios recién graduados que todo está conectado: It started before I was born.

Cada uno de nuestros pasos se explica en nuestra biografía. Qué mejor manera de explicar una carrera dedicada a la postpornografía que habiendo sido concebida por un cura pederesta. Todo está dentro de nosotros. Ama lo que haces. Todo tendrá un sentido, pero es imposible verlo ahora. Levántate por la mañana y siente que vas a hacer lo que quieres a hacer. Y si no es así, haz otra cosa.

02 Oct Mi mac no tiene la culpa de nada

Otra vez. La muerte, de repente, te trae la vida. Yo siempre que me encuentro con ella pienso en lo que por lo visto dijo Virginia Woolf, que hay que matar a un personaje de la novela, para que se valore más la vida del resto de personajes.

Después de la muerte de mi padre me siento llena de amor, y se me ha pasado toda la tontería de repente. No más divagaciones. Ahora sé dónde quiero estar y qué quiero hacer. No más dudas. Es como cuando llueve en Londres y luego sale el sol y el aire está limpio y todo está más nítido. Se ve todo tan claramente.

Solo me jode olvidar. Ahora tengo días en los que no me acuerdo de él. Y me da rabia. Yo quiero acordarme de él cada día.

Pero siento que él está conmigo todavía, que se está quedando un poco de tiempo extra para cuidarme, para asegurarse de que hago bien las cosas y para que no esté sola.

PS
Mierda. Las lágrimas sobre el pad del ordenador lo inutilizan.
Lo seco con un pañuelo, que mi mac no tiene la culpa de nada.

23 Sep Ligar a los 36

El otro día me fui con una amiga a una terraza a tomar algo y estábamos las dos guapas, ya sabes, cuando estás guapa y no sabes muy bien por qué, pero ligas, y miras y te miran. Y esto que estoy escribiendo no tendría el menor interés si no fuera porque mi amiga iba con su hijo de tres años en el carrito.

Está estupenda, con su melenaza rizada, sus pantalones de pitillo super ajustados y lo vamos a dejar aquí porque no quiero meterme en líos. Y su hijo está guapísmo también, y come galletas sin azucar, todas las que quiere. Pero el caso es que el otro día en la terraza de los jardines de Sant Pau en Barcelona me sentí diferente, mi amiga, el crío, yo, íbamos los tres, y ligábamos, sí, pero ya no era como antes, ahora ligábamos como mujeres. O algo así.

Ayer me fui a comer a una terraza en Benicassim (sí, vivo bien, qué pasa, no todo va a ser sufrimiento en esta vida) y la amiga con la que tenía el placer de compartir el solecito y las vistas al mar estaba preñadísima, casi a punto. Y claro, guapísima también. Y la tía coje y cuando llega el camarero, mientras le pide una cerveza sin alcohol se quita como un pantaloncito (muy pequeño) que llevaba debajo del vestido, que era corto, pero a mí me dio la impresión de que se había quitado las bragas, y me pareció tan sexy… Y al camarero ni te cuento.

Y aquí estoy yo, rodeada de amigas a punto de parir o con unas criaturas preciosas a su lado, y están tan sexies, y ligamos, y yo de repente siento que me he hecho mayor, pero se siente bien. De hecho se siente muy bien.

20 Sep Sobre las leyes espirituales y mi padre

Tengo la impresión de que al morir mi padre hizo explotar una inmensa bola de amor, buuummm!!!

Estoy leyendo libros sobre Zen, Tao, budismo y espiritualidades varias, y llego a la conclusión de que mi padre era un espíritu “avanzado”, aceptaba la vida sin quejarse, sin protestar por nada, vivía el presente y celebraba el momento, agradeciendo siempre, cada minuto. Siempre le daba las gracias a las enfermeras que le cuidaban. Siempre. Daba amor a todo aquel que se le ponía por delante. Nunca le escuché una palabra de reproche a nadie. No guardaba rencores. Siempre tenía una palabra hermosa para ofrecerte. María, qué guapa estás.

Toda la vida pensando que tenía un retraso mental debido a una meningitis sufrida en la infancia, y tengo que darme cuenta ahora de que todo lo contrario, era un sabio. Yo sí que soy tonta.

papamamabrotheryo

11 Sep Final del verano

En la foto, que debe de ser de los 80: mi padre y mi madre con cola de caballo, mi hermano pequeño y yo. Y un señor desconocido que mira el mar. Por supuesto, yo siempre muy interesada en mi coño.

canacoño

01 Sep Mi primera cana en el coño

Me la acabo de encontrar hoy. En el monte de venus. Ahora sí soy una señora. Y luego hasta he encontrado una segunda. En la foto no se aprecia, pero doy fe. Benicàssim. Qué bien estar en casa.

27 Ago Reflexiones sobre el pésame

Señores y señoras del mundo, den el pésame. Basta con un “lo siento” tímido y mirando al suelo, pero digan algo. No soporto que no me den el pésame. No soporto que te saluden como si no pasara nada y se te pongan a hablar de triviliadades cuando saben perfectamente que murió tu padre hace tres días. Me enerva. Denme el pésame y luego me pueden hablar de lo que quieran. Pero dime algo para que yo pueda sentir que reconoces mi dolor. Algo. Lo que sea.

No, lo que sea no. Hay una cosa que no se puede decir. No se puede decir “bueno, ahora ya está”. ¿Ya está qué? ¿Ya está muerto? Si esto es lo único que se te ocurre decir, entonces aconsejo de forma encarecida el silencio.

25 Ago Lunes, 22 de agosto

Fucking overground de Dalston a Hightbury and Islington. Línea azul de metro a Victoria Station. Tren a Gatwick Airport. Shuttle o como quiera que se llame a la terminal norte. Cola en el mostrador de Easyjet. Facturar. Escáneres. Vuelo de dos horas y algo. Aterrizo en Valencia. Me impaciento para salir del avión. Doy empujones. Cojo el metro a la estación de tren. Me paso la parada porque se llama Xátiva y Xátiva es un pueblo que no tiene nada que ver con la estación. Me exaspero. No puedo esperar los ocho minutos que tarda en venir el siguiente metro para llevarme de vuelta a la parada correcta, así que salgo del jodido metro y camino por la calle Colón. La gente me parece irreal. Valencia me parece irreal. Llego a la ventanilla y el siguiente tren a Castellón no sale hasta las siete y veinte. Son las siete menos diez. Le pregunto a la chica si no hay otro tren antes y me dice que no, muy amable. Llamo a mi hermano para decirle a qué hora llego. Compro agua. Como un pincho asqueroso. Me pongo muy nerviosa. Camino frenética por la estación, miro a mi alrededor y veo los techos altos y hermosos de la estación del Norte de Valencia. Siento que está pasando algo. Me angustio. Vuelvo a llamar a mi hermano y esta vez le pregunto de forma brusca si nuestro padre está vivo. Me dice que sí. No me miente. Luego sabré que mi padre muere tan solo unos minutos después. A las siete y diez de la tarde.

El trayecto en tren es largo, una hora y pico. Me toco la nariz y me hago sangre. No me importa que la gente me vea. Ordeno mi maleta. Le envío un mensaje a mi hermano, en diez minutos estoy allí. Él me responde que sí, que llego a las ocho y cuarenta, que está en la estación. Bajo del tren y subo por unas escaleras mecánicas. Veo a mi hermano. Está sólo, esperándome. Le saludo con la mano. Llego arriba. Me dice que el papá ha muerto.

Lloro en su hombro y siento un alivio inmenso por tenerle conmigo, mi hermano querido. Vamos al coche. Fumamos un cigarro que me sabe a rayos. Lloro. Metemos la maleta en el maletero. Vamos al hospital. Entramos por la puerta de urgencias y salimos por la parte de atrás. Mi hermano me lleva la mochila con el ordenador. Leo las palabras “Mortuorio” en las puertas de la sala a donde nos dirigimos. Carolina nos espera, está sentada en un pasillo y delante de ella hay una cama de hospital. La abrazo. La cama parece vacía. Me giro hacia la cama y me doy cuenta de que no lo está. Levanto la sábana y mi padre está allí. Tiene la cabeza ladeada. Sus ojos azul grisáceo están abiertos y su boca también. Veo sus dientes pequeños y gastados. Está hermoso, guapo. Nunca había visto tanta belleza en una persona. Le beso en la cara, en las manos. En un instante está cubierto de lágrimas. Me acuesto a su lado. Me arrodillo en el suelo llorando sobre la cama. Cojo su mano muy fuerte y le hablo. Su mano de repente parece tomar vida. Siento que me está cogiendo la mano también. Le digo que le quiero. Grito “papá, papá” como si fuera una niña desesperada buscando a su padre. Intento calmarme. Levanto la sábana y veo sus piernas delgadas. Sus pies vendados por las llagas. Me parece hermoso. Huele muy bien. Todavía siento su olor. Estoy contenta porque me ha esperado para decirme adiós. De alguna forma siento que él está allí conmigo. Pienso que he tenido mucha suerte.

Mi padre biológico no quiso saber nada de mí pero la vida me dió un segundo padre que me quiso como si fuera su propia hija. De hecho, nunca, en los treintaiséis años que tengo, le escuché decir que yo no fuera su hija. Ismael Llopis Cruz fue la persona más buena que nunca conocí. Y era mi padre. Y llevo su apellido con un orgullo infinito. Soy muy afortunada. A veces se me olvida, pero basta abrir los ojos con el corazón, como dice Le Petit Prince, para darse cuenta de que soy una chica con suerte, y que siempre lo he sido.