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Lunes, 22 de agosto

Fucking overground de Dalston a Hightbury and Islington. Línea azul de metro a Victoria Station. Tren a Gatwick Airport. Shuttle o como quiera que se llame a la terminal norte. Cola en el mostrador de Easyjet. Facturar. Escáneres. Vuelo de dos horas y algo. Aterrizo en Valencia. Me impaciento para salir del avión. Doy empujones. Cojo el metro a la estación de tren. Me paso la parada porque se llama Xátiva y Xátiva es un pueblo que no tiene nada que ver con la estación. Me exaspero. No puedo esperar los ocho minutos que tarda en venir el siguiente metro para llevarme de vuelta a la parada correcta, así que salgo del jodido metro y camino por la calle Colón. La gente me parece irreal. Valencia me parece irreal. Llego a la ventanilla y el siguiente tren a Castellón no sale hasta las siete y veinte. Son las siete menos diez. Le pregunto a la chica si no hay otro tren antes y me dice que no, muy amable. Llamo a mi hermano para decirle a qué hora llego. Compro agua. Como un pincho asqueroso. Me pongo muy nerviosa. Camino frenética por la estación, miro a mi alrededor y veo los techos altos y hermosos de la estación del Norte de Valencia. Siento que está pasando algo. Me angustio. Vuelvo a llamar a mi hermano y esta vez le pregunto de forma brusca si nuestro padre está vivo. Me dice que sí. No me miente. Luego sabré que mi padre muere tan solo unos minutos después. A las siete y diez de la tarde.

El trayecto en tren es largo, una hora y pico. Me toco la nariz y me hago sangre. No me importa que la gente me vea. Ordeno mi maleta. Le envío un mensaje a mi hermano, en diez minutos estoy allí. Él me responde que sí, que llego a las ocho y cuarenta, que está en la estación. Bajo del tren y subo por unas escaleras mecánicas. Veo a mi hermano. Está sólo, esperándome. Le saludo con la mano. Llego arriba. Me dice que el papá ha muerto.

Lloro en su hombro y siento un alivio inmenso por tenerle conmigo, mi hermano querido. Vamos al coche. Fumamos un cigarro que me sabe a rayos. Lloro. Metemos la maleta en el maletero. Vamos al hospital. Entramos por la puerta de urgencias y salimos por la parte de atrás. Mi hermano me lleva la mochila con el ordenador. Leo las palabras «Mortuorio» en las puertas de la sala a donde nos dirigimos. Carolina nos espera, está sentada en un pasillo y delante de ella hay una cama de hospital. La abrazo. La cama parece vacía. Me giro hacia la cama y me doy cuenta de que no lo está. Levanto la sábana y mi padre está allí. Tiene la cabeza ladeada. Sus ojos azul grisáceo están abiertos y su boca también. Veo sus dientes pequeños y gastados. Está hermoso, guapo. Nunca había visto tanta belleza en una persona. Le beso en la cara, en las manos. En un instante está cubierto de lágrimas. Me acuesto a su lado. Me arrodillo en el suelo llorando sobre la cama. Cojo su mano muy fuerte y le hablo. Su mano de repente parece tomar vida. Siento que me está cogiendo la mano también. Le digo que le quiero. Grito «papá, papá» como si fuera una niña desesperada buscando a su padre. Intento calmarme. Levanto la sábana y veo sus piernas delgadas. Sus pies vendados por las llagas. Me parece hermoso. Huele muy bien. Todavía siento su olor. Estoy contenta porque me ha esperado para decirme adiós. De alguna forma siento que él está allí conmigo. Pienso que he tenido mucha suerte.

Mi padre biológico no quiso saber nada de mí pero la vida me dió un segundo padre que me quiso como si fuera su propia hija. De hecho, nunca, en los treintaiséis años que tengo, le escuché decir que yo no fuera su hija. Ismael Llopis Cruz fue la persona más buena que nunca conocí. Y era mi padre. Y llevo su apellido con un orgullo infinito. Soy muy afortunada. A veces se me olvida, pero basta abrir los ojos con el corazón, como dice Le Petit Prince, para darse cuenta de que soy una chica con suerte, y que siempre lo he sido.


María Llopis

El trabajo de María Llopis se mueve en diferentes medios y soportes, como la fotografía, el vídeo y el live art performance. Desarrolla una visión alternativa propia de la identidad sexual y de género siempre partiendo de un fuerte posicionamiento político feminista. Llopis está en la actualidad escribiendo un libro titulado Maternidades Subversivas y que tratará los temas de parto orgásmico, pornografía feminista y maternidad, maternidad transexual y trangénero, y partenogénesis, entre otros.

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