Personal

07 Ene Peces y espejos

Sueño que tengo entre mis brazos a un bebé. A ratos es un pez, a ratos un bebé humano. Lo tengo cogido a mí, pero no sé cuidarle. Pasan las horas en el tiempo elástico de los sueños y a mí se me olvida darle de comer, y me da miedo que muera, y me da miedo apretarle demasiado contra mí, por si le ahogo. No es la primera vez que tengo este sueño. Empezaron después de los abortos espontáneos.

Estoy leyéndome un best seller japonés que dice que todo es un espejo. Que toda situación que vivas en el presente es un reflejo de otra situación no resuelta en el pasado. Pienso en que mi madre me tuvo muy jovencita, pienso en que estaba medicada para la esquizofrenia, pienso en que probablemente tuvo que escuchar de mi abuela y de otros que no estaba capacitada para cuidarme. Así que yo reflejo su miedo a no saber cuidar de mis vástagos a través de los abortos y los sueños.

31 Dic Bye bye harsh times, wellcome utopia

Mi padre, los naranjos y yo.

Hace año y medio, en Bombay, un astrólogo me dijo que me esperaban tiempos difíciles, pero que en 2012 mi suerte cambiaría. Un año antes, en Valencia, el oráculo de una persona cercana me dijo más o menos lo mismo. Harsh times por venir, 2012 todo ok.

Así que como todos lo tienen tan claro, y es cierto que este último año y medio ha sido duro, voy a recibir el año que entra con la mejor de mis sonrisas.

No tengo nada, más que a mí misma, y tengo la sensación de que todo puede pasar en los próximos meses. Esa sensación de próxima infinitud a ratos me mosquea y a ratos me fascina. Utopía y revolución. No pienso conformarme, si lo hice en el pasado, prometo no volver a hacerlo jamás.

Adiós papá, estoy llena de ti, de tu amor. Hola Lluvia, bienvenida al mundo, te vamos a cuidar mucho para que juntas podamos cambiar el mundo. Que entramos en una nueva era, joder.

27 Dic El cardenal Tarancón, el amante de mi bio tía (soy prima bastarda de Fabra)

El jueves estrenan una serie en la tele que no me pienso perder, es un bio pic del mismísimo cardenal Tarancón, personaje ilustre en la españolidad casposa, pero ilustre también en mi infancia.

Mi madre se ponía fatal cada vez que hablaba del tal Tarancón, por lo visto este señor era el amante de mi tía Bibiana, que en paz descanse. Mi tía Bibiana era una señora muy simpática a la que yo conocí una vez porque quería hacerme un regalo y la tía me compró un billete a Japón. Ella era monja, pero una monja muy activa y yo creo que muy lista. A mí me gustó porque me preguntó sobre el VIH sin ningún tabú, ni rollo raro, ella quería saber por modos de contagio, etc y y le dije todo lo que sabía, que era bastante, ya que el VIH ha formado siempre parte de mi vida.

En el periódico Mediterráneo le dedicaron un artículo que podéis leer aquí, pero del que me quedo con la bio de la familia Ripollés-Giner:

En Todolella, contrajeron matrimonio el guardia civil Emilio Ripollés Querol y Natividad Giner Monfort. Tuvieron cinco hijos, entre los traslados obligados del militar. La mayor fue Bibiana y nació en Madrid. Después María Teresa, que con el tiempo contraería matrimonio con el industrial textil castellonense Vicente Saborit. María Antonia fue la tercera y también en Castellón se casó con Francisco Ferrer Fabra, primo hermano de la ilustre profesora doña Lola y del que fuera alcalde y presidente de la Diputación, Carlos Fabra Andrés. Los dos pequeños han sido religiosos, el sacerdote Emilio, que estuvo en las misiones, también profesor y autor de libros para la enseñanza del inglés y durante un tiempo, capellán en el Sanatorio La Magdalena. Montserrat, por su parte, es monja misionera y actualmente está en un lugar remoto y solitario de la selva de Perú.

Como podéis apreciar en el relato biográfico, soy familia política de los Fabra. La prima bastarda de los Fabra (esto merece un post aparte). Pero centrémonos. Mi tía Bibiana, monja de profesión, era la hermana mayor de mi bio padre, el cura, Emilio Ripollés Giner. Y mi madre y mi abuela y todo Dios siempre dijeron que esta mujer fue amante de Tarancón. Si alguien tiene alguna prueba de que no fuera así, que deje un comentario en este post.

Por lo visto cuando mi madre, menor de edad y con una enfermedad mental, se quedó embarazada, fue el tal señor Tarancón el que dijo lo que se tenía que hacer: ni hablar de que mi padre se saliera de cura y se casara con mi madre. Menudo plan. Mejor se iba un par de años a Galicia, donde Tarancón había pasado un tiempo y digo yo que tendría colegas, hasta que pasara el escándalo en Castellón. Y mi madre, pues a gestar y a parir y a criar. Y sobre todo a ser humillada y menospreciada por toda la sociedad castellonense, por ser una mala mujer, por haber seducido a un cura. Menos mal que mi madre optó por la locura total, porque si no no había Dios que aguantara el cuadro.

En fin, que el jueves no me pierdo la serie esta de la tele, que a lo mejor salgo. A ver si están bien documentados.

24 Dic Lluvia

Lluvia llegó envuelta en un velo. Nació con gracia, dijo la comadrona. Por lo visto, uno de cada mil bebés nace con la envoltura llamada lanugo intacta, sin romper. Es un signo de buena suerte, ya que la criatura llega protegida a este mundo.

Lluvia miró a su madre fijamente al nacer. Y me miró a mí también. Y en esa mirada sientes el mundo entero a tus pies. Yo sentí que nacía de nuevo, que todo tomaba sentido, que en la mirada de ese bebé estaba el mundo entero. Lluvia miraba fijamente, tranquila, y esa mirada era una mirada que venía de otro mundo, de un mundo que intuyes y que tal vez sientes con los viajes de drogas, o en sueños, pero con el que nunca te habías enfrentado cara a cara.

Lluvia no llora. Ni cuando se la llevan las enfermeras a pincharla. Ella se mantiene tranquila, mirando con sus ojos hipnóticos. Tiembla de frío cuando la cambias, pero una caricia con la mano basta para calmarla. Tan solo un par de gritos que se tranquilizan al instante. Escucho en el hospital llantos de niños desesperados, llenos de dolor, pero ella no sufre.

Lluvia llegó el 21 de diciembre en el hospital con peor fama de Murcia. El hospital que tiene fama de partos medicalizados al máximo y de trato degradante. Pero el parto de Lluvia fue perfecto. Habéis tenido suerte, nos dijeron las comadronas. Y yo me pregunto qué es la suerte. Queremos controlarlo todo y a veces, controlando, lo perdemos. O más bien es que a pesar de nuestros intentos de control, las cosas salen.

En un parto, lo único que quieres es que la madre no sufra y que tanto ella como su bebé estén bien. ¿Pero qué puedes hacer para que así sea? Yo solo soy una teórica del parto.

Yo me hundí. El día de la inducción del parto me llené de miedo y sentí que estaba ocupando un lugar que no me correspondía. Que yo no era el padre de la criatura, y que qué hacía yo allí, enmedio de este evento que me superaba. Y con la maleta al cuello y camino de la estación, el padre de la criatura y la abuela hablaron conmigo y me hicieron ver que sí, que querían que estuviese allí de verdad, y la abuela me llevó a comer con sus hijos, y me dio vino, y comida buena, y me tranquilizó, mientras mi amiga comenzaba las contracciones gracias a una dosis de prostaglandina vía vaginal en una habitación de hospital tipo años 70.

Y llegué, y me quedé inmóbil al verla. Recuerdo que sentí que me congelaba ante la visión de mi amiga llena de dolor. De pié, apoyada en la cama, iba sintiendo las contracciones, una detrás de otra y yo sólo podía mirarla. Su madre le iba dando agua y le mojaba la cara con un paño húmedo, pero hasta eso rechazaba. La recuerdo también de pie, entre contracciones, con los ojos cerrados, tomando su barriga entre las manos y con expresión de extásis sexual. Ella estaba en otro lugar, en trance. No nos veía. Se encerró en el baño, y Michel Odent dice que cuando una parturienta se encierra en el baño es que está a punto de parir, porque busca aislarse del mundo. Llamamos a la comadrona y bajamos al paritorio, en camilla, a pesar de que ella no quería tumbarse. Pero en la puerta del paritorio no me dejaron entrar, y yo protesté y protesté. Querían que me fuese a una sala de espera que parecía estar a kilómetros de donde estaba mi amiga, y yo tenía que estar con ella. Finalmente una de las comadronas me dijo: espera aquí en la puerta, yo vengo a por ti, no tardo nada, de verdad. Y allí me quedé. Giré mi cabeza y me di cuenta de que no estaba sola. Detrás de mí había una familia gitana, con niños y abuelos, debían de estar esperando el parto de una de sus mujeres, y tampoco habían querido irse a aquella sala de espera lejana. Me sentí cerca de ellos y de su cutura. Yo era como ellos. Payos ridículos. Abrían la puerta un poco y miraban y yo me sumaba, pero no veíamos más que un pasillo y yo no sabía donde estaba mi amiga.

Finalmente llegó la comadrona a por mí y me llevó con ella, le habían abierto una vía por la que le suministraban un antibiótico y tenía el estómago lleno de sensores para monitorizar el latido del corazón del bebé. Y lo escuchábamos, pum pum pum, tan fuerte, tan rápido. Pero ella no podía estar tumbada, el dolor era insoportable en esa posición, ella quería ponerse de pie, así que aquí empezó la negociación. Dejadla ponerse de pie, por favor, la vía no se va a caer. Por favor. Y nos dejaron. Yo me quité los zapatos y el jersei y la camisa, y me quedé en sujetador, porque me sobraba la ropa, y de repente alguien apareció con una camisita azul de hospital y me la puso, y con ella me sentí mejor, porque era muy ligera.

Es importante respetar las contracciones. Esto me lo explicó muy bien en Brasil mi amiga y performer mejicana Congelada de Uva. Durante las contracciones no le hables, no la muevas, espera a que pasen, y actúa rápidamente entre una y otra. Así que iba negociando con las comadronas, ahora sí, ahora no.

Pero no dejaba de entrar gente en la sala. La puerta hacía un ruido horrible y escuchábamos a una mujer en la cama de al lado gritando: quitadme este dolor, quitadme este dolor, quitadme este dolor. Pero mi amiga estaba hacia dentro, no le hablaba a nadie, no pedía nada, ella estaba como en trance agarrada a mí, cogida de mis brazos con la cabeza apoyada en mi pecho. Le susurré al oído que estábamos solas. Nada más lejos de la realidad, pero yo la cogía entre mis brazos para apartarla del mundo, para que no viera donde estaba, le ponía su pelo en la cara y con mi brazo le cubría los ojos. Para que sintiera que estábamos solas de verdad, y de alguna forma lo estábamos.

Pasamos a otra sala. Ahora teníamos un poco más de intimidad. Dos comadronas jovencitas, amables y guapas, y la famosa silla de parir, que me pareció enorme. Da miedo ver ese aparato inmenso en medio de la habitación. De ninguna forma mi amiga se iba a sentar allí, ella seguía cogida a mí, las dos de pie. Pedí que bajaran la luz, y lo hicieron. La luz era suave ahora, se quedó sólo un pequeño foco encendido en una esquina y las contracciones seguían y entonces la comadrona dijo que suave, que empujara suave, y yo sé que cuando está saliendo el bebé tienes que empujar suave para que no se rasgue el coño, o lo menos posible, así que estaba pasando, estaba naciendo, y de repente estaba allí, y la ví, perfecta, hermosa, y yo di un paso atrás, la pusieron en los brazos de mi amiga y en toda mi vida he sentido tanta alegría al verlas allí de pié, las dos juntas, todavía unidas por el cordón umbilical, que parece un cable de teléfono de los antiguos, por cierto.

Ella podría haberse ido andando con su bebé en los brazos, estaba llena de fuerza, pero ahora sí tocaba sentarse en el potro, para coserla. Tenía una pequeña rasgadura que las comadronas cosieron con un cuidado y un cariño infinitos. Y mi amiga, cuyo rostro había sido el rostro del dolor extremo, ahora estaba más hermosa de lo que yo nunca la había visto. Con Lluvia en sus brazos, sus rizos estaban más esponjosos, sus labios más rosas y su expresión era la del extásis místico. Y Lluvia la miraba, y me miraba a mí también un poco, y de repente yo sentí una ligazón con esa criatura de por vida, y sentí amor, como nunca había sentido hasta entonces, sentí un amor infinito hacía ella y hacía su madre y hacía el mundo entero, y quise ser mejor persona por ella y que este mundo fuera un lugar mejor de lo que es, por ella.

Ahora entiendo a Casilda Rodrigáñez cuando dice que el matriarcado es la sociedad en la que la prioridad es el bienestar de las criaturas.

19 Dic O ingreso en el monasterio o me bajo al bar a pegar tiros

Estupenda en sus reflexiones sobre el aborto y la reproducción, así como su lucha para la dignificación de las mujeres y contra la sociedad patriarcal.

Por cierto, mi tía biológica era monja. Se llamaba Bibiana Ripollés Giner. En el periódico Mediterráneo hay un artículo sobre ella en el que hacen mención a mi bio-padre, Emilio. Tuve la ocasión de conocerla hace ahora un montón de años. Me preguntó por el VIH ya que estaba cuidando a los hijos de una mujer seropositiva en su parroquia o algo así. Yo le dije todo lo que sabía sobre el virús, que era bastante, ya que una de mis mejores amigas era seropositiva.

A cambio mi tía me pagó un billete a Japón.

Yo quería ir a Japón y ella quería hacerme un regalo.

Es un mundo extraño.

18 Dic Escribir un post en tu blog

Volverse loca, una y otra vez. No sé ni como aguanto. Los años van pasando, desde mi primera caída, pero las cosas no tiene pinta de mejorar. O sí.

Claro que he estado mejor. Pero vuelvo, me confío y vuelvo. He leído un artículo, The Unleashed Mind: Why Creative People Are Eccentric, que dice que la gente creativa es rara. Como que cuanto más creativo, más excéntrico. Yo no sé si soy creativa, lo que sí sé es que se va la cabeza. Sobrevivo por mis amigos y por mi hermano, que me salvan la vida una y otra vez.

Mi estado mental puede describirse como una pequeña noria que gira sobre sí misma cada vez a más velocidad hasta que llega un punto en el que los pequeños asientos de la noria saltan por los aires. Yo recogo a los maltrechos ocupantes y vuelvo a colocar los asientos en la noria. Una y otra vez.

Mi hermano y yo teníamos una noria así de pequeños. Era de las Barriguitas, unas pequeñas muñecas panzonas que a mí me encantaban. Nos la regalaron unas navidades. Nos divertíamos poniendo a las barriguitas en sus asientos y haciendo girar la noria. El mecanismo estaba roto y la velocidad era tal, que éstas saltaban por los aires y la noria entera se desmontaba. Me parece estar viéndola, en el suelo de la casa de mi abuela, girando.

La única persona que hasta el momento ha conseguido dejar de hacer rodar la noria es mi terapeuta. Lo que no consigo entender es que yo no esté haciendo terapia. Que no salga mañana por la mañana corriendo por la puerta de esta casa a buscarle.

La señal de alarma es siempre la misma, cuando el girar de la noria se vuelve demasiado doloroso quieres tirar la noria por la ventana y que todo pare, de una vez por todas.

15 Dic Justicia

Ya le he preguntado a mi abogado sobre la posibilidad de montarle un pleito a la iglesia de Castellón por violación y responsabilidad sobre hijos ilegítimos. Me ha dicho que va a estudiar la viabilidad del proyecto y me cuenta.

13 Dic Murcia, masculinidad, partos

Tener fiebre. Estar en la manga del mar menor en diciembre muerta de frío. Bravas en una terraza. Hablar sobre los hombres. Sobre el acoso laboral. Sobre como los hombres revolotean alrededor de las mujeres como animales en celo. Sobre como al ser rechazados transforman ese interés en ansias de destrucción. Da ganas de bajar a un bar de estos llenos de tíos con el fútbol a tope y liarse a tiros con una escopeta. Y luego irse a comisaria, deténganme agentes, he hecho lo que tenía que hacer. Da ganas.

Mi amiga quiere que le monte un pleito a la iglesia para demandar a mi padre, el cura. Supongo que por violación, abuso de menores y paternidad. Supongo que para obtener una compensación económica al daño moral. De mi madre y mío. Ella dice que ya vale de que aquí los señores hagan lo que les de la gana y de que se salgan con la suya tan campantes mientras las mujeres somos siempre las que cargamos con todo. Yo le digo que lo hago solo como proyecto artístico. Pero no sé con qué forma podría hacerlo.

Estos días siento que estoy haciéndole justicia a los muertos. Arreglo papeles con hacienda, con tráfico, con el registro a mi padre o a mi abuelo. Yo me encargo de todo. Estoy cansada. ¿No puede arreglarse el mundo sus propios asuntos? ¿Por qué tengo yo que arreglarlo todo?

En un bar de Murcia. Esperando. Mi amiga está a punto de parir y quiere que esté allí con ella, en el parto. Y yo también quiero. Necesito vida después de tanta muerte.

01 Dic Hola diciembre

Llevar el pelo corto y que te confundan con un hombre.
Otra vez.

Volver de viaje.
Una y otra vez.

Sentirse muerta, siempre.
¿Hasta cuándo?

Mi padre se ha ido.
Ya no está en casa.

Tenía miedo de que pasara esto.
Sabía que pasaría esto.

Ahora sí que estoy sola.
Otra vez.