Que me busquen
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Fotografía de No tendrás casa en la puta vida, de Ismael Llopis Navarro. Presentación en Barcelona hoy martes 15 de diciembre, a las 7 y media, en el café Salambo, calle Torrijos 51, Gracia. …
Sí, Ismael Llopis. Mi hermano pequeño, el mismo. Presenta su primer libro de fotografías, porque él es fotógrafo, como ya saben o deberían saber.
Es un libro dedicado a todos esos adultos que no vivimos como tales, que seguimos viviendo o malviviendo en pisos compartidos, en habitaciones más o menos lúgubres, en las que se concentra todo nuestro universo. (El tema del alojamiento precario levanta pasiones, Melusina acaba de publicar Un Zulo Propio de Itziar Ziga…)
Es un libro dedicado a nuestras pequeñas habitaciones, con sus pósters de Nirvana, nuestra biblioteca, nuestros muebles de Ikea reciclados de la basura. Son fotografías tranquilas y dulces, de la gente en sus cuartos, con sus cosas. Incluye también una serie de textos sobre el tema de Diana Junyent (de pornoterrorismo.com), Llúcia Ramís, Carolina Hernández Terrazas, Robert Juan-Cantavella, yo misma, y otros.
Uno de mis favoritos es el de Robert Juan-Cantavella, cuando habla de un futón (que no es tal por mucho que Ikea se empeñe en llamarlo así) instalado en una habitación cuya distancia entre pared y pared tenía un centímetro menos que su estatura. Y por lo tanto se veía obligado a dormir en diagonal porque no cabía. Yo también tuve una cama así, qué nostalgia. Pero Robert lo explica mucho mejor.
Aquí va un fragmento de mi texto sobre los alojamientos precarios, se llama Benicàssim, Berlin, Barcelona y lo escribí en Benicàssim, el 1 de junio de 2008:
«No me aclaro. Tengo cuatro habitaciones, dos cuartos de baño y dos terrazas. Para mí sola. Voy de una habitación a otra buscando mis cosas, escaleras arriba, escaleras abajo. Hasta tengo una habitación lavadero. Por no hablar del jardín. Estoy segura de que mi modesta casa en Benicàssim no impresionará a mucha gente, pero que quereís que os diga, a mí sí. Me mudé hace un par de meses desde la gran ciudad, Barcelona, donde vivía en un pisito de 50 metros cuadrados con el que era mi novio. Así que he pasado de tener un espacio vital de 25 metros cuadrados a 200 de la noche a la mañana. Y no me aclaro. Yo estaba acostumbrada a plegar, comprimir, guardar, apilar mi ropa, mis bragas, mis libros, mi vida. Y aquí siento que se está descomprimiendo todo.
He vuelto al pueblo, esta es la antigua casa de vacaciones de la familia, y yo soy toda la familia que queda. He vuelto porque hacía falta que volviera, pero sobre todo he vuelto huyendo del irremediable destino que me esperaba en Barcelona: compartir piso.…
«La certeza de ser hombre o mujer es una ficción somaticopolítica producida por un conjunto de tecnologías de domesticación del cuerpo, por un conjunto de técnicas farmacológicas y audiovisuales que fijan y delimitan nuestras potencialidades somáticas funcionando como filtros que producen distorsiones permanentes de la realidad que nos rodea. El género funciona como un programa operativo a través del cual se producen percepciones sensoriales k toman la forma de afectos, deseos, acciones, creencias, identidades.»
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Leo en la prensa sobre la publicación de un nuevo diccionario de la lengua castellana. Fantástico. Pero yo sueño con la publicación de un diccionario de prejuicios. Sueño con categorizar y poner orden entre tanto prejuicio descontralado. Sé que habría que ordenarlos por orden alfabético, pero yo empezaría a describirlos de forma aleatoria. Y empezaria con el de las relaciones sentimentales en las que hay una gran diferencia de edad entre las personas.
Hay un prejuicio social clásico y sexista contra las relaciones entre mujeres mayores y hombres jóvenes, que hace la vista gorda e incluso apoya las relaciones a la inversa: hombre mayor + chica joven.
Yo tengo un prejuicio contra las relaciones de hombres mayores y mujeres jóvenes.
¿Qué distingue a un prejuicio de una observación racional? Que el primero se basa en juicios anteriores al hecho a juzgar, y esos juicios pueden estar basados en traumas o hechos no racionales. Bienvenidos al caos.
En mi caso particular se trata de dos obstáculos insalvables (de momento) que impiden una visión por mi parte clara y objetiva del tema: mi madre fue violada por un hombre 30 años mayor que ella hasta que se quedó embarazada de mí. Yo mantuve una relación entre los 16 y los 20 años con un hombre mayor con claros signos de pederastia y psicosis manipulativa. Tenía 12 más que yo. Y a esas tiernas edades se nota. El sujeto en cuestión me prohibía hablar con mis compañeros de colegio, salir de fiesta o quedar con gente de mi edad. O con cualquier persona que no fuera él. Caí en una depresión a su lado que duró años, pero tras años de abusos tanto sexuales como psicológicos conseguí salir. Me llevó un año entero cortar con él. Estaba sóla. Fue determinante que mis padres tuvieran transtornos psíquicos y no pudieran ayudarme. Y que mi abuela, con quien vivía, fuera también una mujer transtornada. Sólo ahora entiendo hasta qué punto, ya que cuando yo le contaba llorando las humillaciones a las que me sometía este individuo, se limitaba a decirme que aguantara, que había que humillarse ante los hombres. Sólo mi hermano intentó llamar la atención sobre lo que me estaba sucediendo, pero claro, el pobre apenas tenía 13 años y nadie le hacía caso.
Todas estas vivencias me dejan un claro prejuicio contra las relaciones con diferencia de edad, pero creo que centrar el prejuicio en un número es limitado.…
Buceando por las estadísticas de mi blog, me sorprendo por un número notable de visitas desde Mala Pecora.
Mala Pecora es el blog de Slavina, una pornógrafa nata que se retiró de la escena barcelonesa durante algún tiempo para parir, criar y amamantar a una pequeña y deliciosa criatura que debe medir ya metro y medio. Yo no sé nada de ninguna de las dos desde hace meses, porque Silvia me borró de su FaceBook antes del verano. De su FaceBook y de su vida, se entiende. Los motivos: le di plantón en Roma. Silvia comisariaba una sección del LadyFest Roma y yo estaba entre las invitadas.
¿Por qué no cogí ese avión? Hay muchos motivos, pero el primero y principal es que un par de días antes una amiga común con la que compartíamos viaje y festival tuvo un ataque psicótico del que yo fui objeto. He vivido cientos de ataques psicóticos en mi vida, mi madre era una mujer esquizofrénica, y sé lo que son, y sé que no quiero más, que ya tuve suficientes, y me da igual todo y todos pero nada puede justificar que yo sirva de carne de cañón otra vez.
Miserias. El caso es que Mala Pecora publica en su blog una entrada solicitando ayuda con el diseño de su plantilla, fascinante tema, por cierto. A cambio ofrece material pornográfico y postpornográfico, conocimientos de final cut, lindezas varias y el teléfono de María Llopis. ¿El teléfono de María Llopis?
Si esta persona fuera mi amiga hubiera pensado que se trataba de un chiste gracioso y me sentiría alagada. Pero esta persona me ha echado de su vida, sin ni siquiera hablar conmigo, así que debe de estar muuuy cabreada. ¿Es esto un insulto? ¿Un intento de acercamiento? Mi hermano dice que me está llamando guarra y punto. Considerémoslo insulto o piropo, tengo mis dudas. En cualquier caso, me pregunto: ¿quién puede tener interés en tener mi número de teléfono?
Aunque la cuestión que realmente me preocupa es la del odio de las mujeres hacia mi persona. Necesito ambas manos para contar a las mujeres con las que he tenido una relación de amistad más o menos cercana y en la actualidad ni me saludan. Este verano me leyeron el árbol de mi Cábala y lo primero que me dijo mi pitonisa particular es que en mi vida habría mucha envidia por parte de las mujeres.…
Estoy enfadada porque este año no he podido irme de viaje en bici a ningún sitio. Y ahora ya es otoño y llega el mal tiempo y mi bici se va a quedar encerrada detrás de esa reja unos cuantos meses más. El año pasado sólo pude irme en bici una semana a Menorca, que es como un premio de consolación. Este año por motivos económicos (otra vez en la ruina), sentimentales (idem) y laborales, ni eso. Mierda de dinero, mierda de amor y mierda de curro.…
Algún lugar entre Kingston y Brockville, finales de octubre, espero sola mientras sopla el viento. Veo esta casa y me fascina, con su línea de ropa masculina tendida al viento, su coche y su calabaza. Tengo ganas de entrar, me acerco, pero no me atrevo. Atardece, ando hacia la puesta de sol entre los campos, me mojo los zapatos y no llego. Vuelvo al coche, cojo mi cámara y le hago esta foto a la casa.…
Aquí todo me parece tan viejo, tan cargado de historia, de siglos y siglos de tradiciones. Allí todo es nuevo y recién expoliado. Aquí yo tengo mil años. Y responsabilidades y realidades que arrastro, mantengo y a duras penas aguanto. Ahora entiendo el sueño americano, la realidad alternativa, olvidar el viejo mundo.
Supongo que es el jet lag, pero todo a mi alrededor me parece un decorado de cartón piedra.
Quiero volver, quiero comer hamburguesas grasientas y tortitas, quiero hablar en american english-yo, que siempre fui una adoradora del british accent -, quiero vivir un mundo que Europa copiará dentro de unos años -como hemos podido acabar así, ¿por qué todo se gesta en ese lado del charco?-, pero sobre todo quiero estar lejos de mi vida europea. Una vida que no sé vivir, que está llena de tristeza y de decepciones. Vale, a veces me lo paso bien, pero ahora estoy tan cansada y harta.
Menudo jet lag que llevo en el cuerpo.…
Alice Miller sostiene que nuestro ser adulto depende de forma directa de la infancia que hayamos tenido. Que los abusos a los que hemos sido sometidos como niños constituyen la esencia de nuestro ser. Y no habla tan sólo de casos extremos de abuso sexual o violencia física, sino de la forma en la que la sociedad cría a sus hijos, que incluye violencia a otro nivel. Alice sostiene que dejar llorar a un niño solo en su cuna es violencia, que darle una bofetada a un niño es violencia, que la forma en la que «por su propio bien» se castiga a los niños es en extremo violenta. Y que el niño no puede defenderse, y que asimila esa violencia como amor. Alice sostiene que la maldad no es inherente al ser humano, sino que la maldad se gesta en nosotros a través del abuso. Alice dice que el cuarto mandamiento ha hecho mucho daño, que sólo aceptando el daño que nuestros progenitores han infringido en nosotros, seremos capaces de avanzar como personas y no hundirnos en depresiones y psicosis varias.
Alice ha estudiado la infancia de algunas de las personas más crueles del mundo, como Hitler, por ejemplo, cuya infancia se vio marcada por un padre estricto en extremo que martirizó a su hijo hasta el punto de convertirlo en el ser inhumano que sería como adulto. Alice dice que es importante ser conscientes del daño que hemos recibido en nuestra infancia para así no repetir el mismo patrón con nuestros hijos y no continuar el círculo. Y de paso ahorrarnos tantos sufrimientos, adicciones, depresiones, y suma y sigue.
Para ello es fundamental mandar a la mierda al cuarto mandamiento, valga la redundancia: Honraras a tu padre y a tu madre. Ser capaz de hablar y pensar con claridad sobre la forma abusiba en la que fuimos criados (y todos los hemos sido, en mayor o menor grado, porque la sociedad en la que vivimos así lo propicia) es fundamental para poder constituirnos como adultos felices, o mínimamente felices.
Leyendo a Alice Miller y viendo la película de Orgasmic Birth, tras meses de terapia, en esta casa perdida en Canadá donde me encuentro, pienso en las cuestiones de mi vida que me preocupan y llego a tremendas conclusiones:
Desde mi nacimiento sufrí el maltrato de mi madre, una mujer psicótica. Sentí la injusticia que sufrió al quedarse embarazada de mí siendo una adolescente.…