Para los trabajadores varones las proletarias se convirtieron en lo que sustituyó a las tierras que perdieron con los cercamientos, su medio de reproducción más básico y un bien comunal del que cualquiera podría apropiarse y usar según su voluntad. […] En la nueva organización del trabajo todas las mujeres (excepto las que habían sido privatizadas por los hombres burgueses) se convirtieron en un bien común, pues una vez que las actividades de las mujeres fueron definidas como no-trabajo, el trabajo femenino se convirtió en un recurso natural, disponible para todos, no menos que el aire que respiramos o el agua que bebemos. Esta fue una derrota histórica para las mujeres.
Aquí estoy un poco borrosa en casa de Alicia Murillo en Sevilla el año pasado echándole un vistazo al libro en cuestión.…
Se habla mucho del olor vaginal y nunca del olor del pene. Alicia parodia los anuncios de compresas y recoge las opiniones y experiencias de algunas amigas con los pitos y sus olores. ¿Por qué los anuncios de compresas y la sociedad en general hablan con tanta frecuencia del olor vaginal y nunca se habla del olor del pene?
Alicia Murillo publica en Píkara Magazine su nuevo artículo ¿A qué huelen los penes?, siempre fantástica. A mí no me dio tiempo a enviar mi contribución a la encuesta. Así que respondo ahora brevemente: a mí los penes me huelen fuerte, a bestias, me excitan hasta los que se podría decir que huelen mal, eso es el sexo y la vida. A veces las pollas huelen a limpio, a recién duchado, a fresco. También es bonito, pero no es necesario.
No entiendo toda la locura con el tema de los olores de nuestros coños, bueno, no hay quien lo entienda, claro. Menos mal que se hacen vídeos como estos. Los genitales tienen que oler a sexo, a instinto y a bestialidad. Excepto si los refriegas con jabón, y aun así, sólo nos dura un rato.
Pero mi olor favorito es el de las pollas, o los coños o lo que sea, en el mar. Después de un baño en agua salada, al sol, todo huele maravilloso.…
En 1908, 40.000 costureras industriales de grandes factorías se declararon en huelga demandando el derecho de unirse a los sindicatos por mejores salarios, una jornada de trabajo menos larga, entrenamiento vocacional y el rechazo al trabajo infantil.
Durante esa huelga, 129 trabajadoras murieron quemadas en un incendio en la fábrica Cotton Textile Factory, en Washington Square, Nueva York. Los dueños de la fábrica habían encerrado a las trabajadoras para forzarlas a permanecer en el trabajo y no unirse a la huelga. El 8 de marzo es día de conmemorar y no de festejar.
Ando estos días triste por todo el barullo que se ha montado en internet con el tema de mi post sobre Ana Álvarez-Errecalde. Por mucho que releo y releo el post no puedo ver un ataque directo hacia su persona y mucho menos hacia su obra. No puedo entender el degradante trato recibido por parte de la artista y una serie de personas en las redes sociales.
Uno no se acostumbra nunca a que le odien. No te acostumbras a que te envíen mensajes, a veces anónimos, llenos de rencor y reproches por parte de personas a las que ni siquiera conoces. Por desgracia lleva sucediéndome desde hace más de 10 años, desde que empecé con mi trabajo con Girlswholikeporno.
Ana Álvarez-Errecalde habla de mí como «una mujer con un blog», cuando conoce mi nombre y mi trabajo desde hace años como poco. Siento el desprecio de esta afirmación y me duele, porque yo sí respeto su trabajo y el de toda artista que trabaja desde el feminismo con sinceridad y valentía. Pero respetar el trabajo de una persona no supone para mí que no pueda realizar críticas y que todo lo que produzca esa persona me tiene que parecer fantástico absolutamente. No. A veces hago críticas.
Yo creo que es saludable hacer críticas al trabajo de otras personas, tan saludable como que nos las hagan al propio.
Por otra parte me sigue sorprendiendo que la gente se diriga a mí como si nos conociéramos. Me pasa mucho. Me envían mails solicitando todo tipo de cosas y me saludan en eventos, como si fuéramos amigos de hace años (o enemigos acérrimos). Yo no conozco a estas personas. Cuando les pregunto, me responden que me han visto dar una conferencia, o que siguen mi blog y que por lo tanto nos conocemos. Y hasta se ofenden si no conozco sus nombres.
Me confunde tanto la amabilidad de los extraños como su odio exacerbado y manifiesto hacia mi persona.
Creo que he empezado a pensar en todo esto a raiz de los ridículos artículos sobre el odio a Anne Hathaway que me he ido encontrando en la prensa esta mañana. Por lo visto ya es una moda en Estados Unidos, Hathahate lo llaman. Y como se acerca el día de la mujer, y todo está plagado de eslóganes feministas, pues pienso en si la forma que tenemos de odiar a las mujeres y manifestarlo en público a los cuatro vientos no es una forma de sexismo más.…
No consigo identificar la autoria de esta hermosa imagen. Sólo me aparece el nombre de Pachamama o Mother Earth en inglés. En todo caso, gracias a la persona que la pintó porque en esta noche de oscuridad me ha dado algo de consuelo.…
Si sólo no me hubieran metido tanta caña en el curso de Michel Odent en Londres sobre lo perjudicial que es que la mujer sea filmada y fotografiada en todo el proceso del nacimiento, me gustarían mucho estas fotos. Según Odent y Lammers, de Paramana doula, después del nacimiento a la mujer se la debe dejar en paz, no hay que hablarle, ni fotografiarla, ni nada. Sólo hay que ocuparse de que esté caliente, para evitar sangrados y favorecer la expulsión de la placenta. Y ese tiempo después de parir es mágico porque ella está hasta arriba de la hormona del amor, la oxitocina, en un estado de éxtasis único en su vida, el cual es muy fácil joder con nuestra presencia. Michel y Lammers nos contaron relatos atroces de mujeres a las que se les había hecho mucho daño con algo que parece tan inocente como hablarles justo después de parir y antes de expulsar la placenta.
No ayuda, para entender mejor el proceso del parto, ver estas imágenes de mujeres pariendo o recién paridas. Son imágenes pornográficas en el sentido de que desvirtúan lo que es el parto realmente transformándolo en un espéctaculo que crea referentes que no nos sirven. No sólo que no nos sirven, que nos hacen daño. El parto es un estado de trance alucinante, y a nadie le ayuda que le filmen cuando está teniendo el viaje de su vida.
Estoy hablando en general de la cantidad de vídeos y fotografías de mujeres pariendo que me encuentro todos los días en los medios. Las fotografías de Ana son muy hermosas. Pero ese es otro tema.…
Era el mes de diciembre del año 2010 y Londres estaba nevado. Nos quedábamos a dormir en un hotel de tres estrellas muy mal puestas en Paddington, cortesía de la empresa en la que Dani entraba a currar. El lunes era su primer día de trabajo. El lunes por la noche empecé a sangrar. Le dije que no se despertara, que no era la primera vez que abortaba y que no había mucho que hacer. Abortar en casa es sencillísimo, no sé por qué las mujeres se van al hospital a hacerlo, el cuerpo sabe lo que tiene que hacer.
Sangraba como una fuente en el entorno inmaculado de la habitación de hotel, intentando no dejarla como una carnicería, gastando una compresa tras otra. He leído después que lo mejor en tales circunstancias es sentarte en el wc y quedarte ahí, es más práctico. En mi primer aborto tuve el privilegio de estar en una playa solitaria, así que no tuve que preocuparme por tales simplicidades. Pero ahora estaba en una jodida habitación de hotel londinense y a las 4 de la mañana me quedé sin compresas y sin papel higiénico. Llamé a recepción, pero todo el mundo hablaba en ruso y a duras penas conseguí que me subieran un triste rollo de papel higiénico.
Como me había metido un montón de pastillas para aliviar el dolor, supongo que me dio un subidón de energía y procedí a vestirme con toda la ropa que encontré por nuestras maletas: varios pantalones, botas, chaquetas superpuestas, gorros, bufandas. Y salí a la calle a buscar compresas. Bajo 0. Nevando. 4 de la mañana. Londres Paddington. En mitad de mi propio aborto.
Por supuesto no había ni dios en las calles. El único edificio que parecía albergar algo de vida era el hotel Hilton, así que allí me dirigí. Con mi inglés con acento español intenté explicarle al jovenzuelo de recepción mis necesidades. El problema es que yo no sabía como se decía compresa en inglés, y tenía algo de urgencia la cosa, así que no quiero ni pensar en las barbaridades que dije para hacerme entender. El caso es que el chaval me contestó que muy cerca había una tienda que abría 24 horas. Perfecto.
Allá que me fui. Había gente dentro, y cajas en el suelo. Pero las puertas estaban cerradas. Empecé a aporrear la puerta y hacer señas pero pasaban de mí.…
Os recomiendo encarecidamente este texto de Rosario Hernández Catalán. A mí me ha llenado de inspiración en esta mañana de domingo. Hace falta.
He de reconocer que en mi negativa a Harvard no sólo estaba la clase, también el género. Sé que por mi socialización, por entenderme toda la vida como mujer y no como hombre concibo el éxito de manera diferente. La carrera no lo es todo. Si en vez de Charo, fuera Jorge seguro que me hubiera lanzado a Harvard de cabeza. Pero en mí también estaban presionando, sabiamente, no sólo la carrera, sino los afectos, la familia, la Naturaleza, la amistad, la militancia. Yo vendo antes mi alma por un paisaje o por una idea liberadora que por un curro bien pagado. Si lo del curro sólo es dinero, y el dinero, psss. Soy tan ambiciosa que el dinero no me vale. Ni si quiera el prestigio. Mi ambición es mucho más profunda y radical…Puede que ahora vengan años en los que vaya viendo colmadas mis ambiciones…lo olisqueo en el horizonte….
También pensé que no podía irme a Estados Unidos porque mis padres era mayores, yo soy hija única, y no podía dejarlos sólos en España. Qué poco me equivoqué. Pero véis que pesó en mí una gama variada de valores. Y lo de cuidar, si bien no es mi fuerte, estuvo también en la balanza. Y me alegro. Porque como feminista no quiero un mundo en el que se venda todo por una carrera profesional. Carrera…. ¿quién nos persigue? Un mundo de individuos aislados lejos de su país publicando una estupidez tras otra para medrar en una Universidad plagada de poderópatas. Un par de años después escribiría un libro sobre ello, el Pero este trabajo yo para qué lo hago. Sobre esa trampa de la entrega total a la vida laboral. Tan alienante es entregarse por completo a los cuidados como entregarse al mercado.
Luchamos contra los recortes en la sanidad, y lo entiendo, pero, ¿vamos a seguir recetando, recetando y recetando más y más venenos, sin atrevernos nunca a ir a la raíz de la enfermedad?
Peleamos por la educación pública, pero, ¿es bueno tener a las criaturas ocho horas diarias sentadas en el aula? Sí, así se las va entrenando en la servidumbre voluntaria y la indefensión aprendida de los cuerpos para que el día de mañana fichen a su hora en la oficina o el centro comercial y sepan permanecer bajo vigilancia ocho o diez horitas.