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El curso de Erika Irusta al que hay que apuntarse

Cuando vivimos sin conocer nuestro ciclo es muy posible que acabemos creyéndonos locas, inconstantes, inestables, falibles, incapaces de mantener nuestro criterio. Nos forzamos a actuar como se espera de nosotras y pisoteamos nuestras necesidades vitales para no ser tomadas por blandas, volátiles o flojas. Estas creencias se alimentan de los patrones culturales que se han creado a través del desconocimiento y estigmatización de la naturaleza cíclica de todos los seres, especialmente, del cuerpo de las mujeres. Así como la tierra es explotada para el cultivo intensivo, nuestro cuerpo es solicitado para la productividad intensiva. El desconocimiento de las diferentes fases del ciclo menstrual da como resultado el sentimiento de alienación que muchas mujeres hemos vivido durante muchos años. Sentirnos ajenas dentro de nuestra propia piel es uno de los pilares fundamentales de una autoestima baja, distorsionada y vulnerable. ¿Cuántas supermujeres seguimos viviendo en nuestra cabeza? ¿Cuántas sentimos que nuestro cuerpo está defectuoso y nos está tendiendo una trampa? Las molestias conocidas como SPM (Síndrome PreMenstrual) y otro tipo de dolencias que se producen a lo largo del ciclo son, con frecuencia, de naturaleza psicosomática. Dos de los principales motivos son el desconocimiento del ciclo menstrual y la creencia de que los cambios que se producen a nivel hormonal no afectan a nuestro cuerpo físico, mental y anímico.

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Elena Alonso, otra vez

Quien no ha probado el sexo entre mujeres desconoce el sabor del origen, el olor del amor. Necesitamos abrazarnos desnudas y compartir el sueño. Vernos en el infinito orgasmo de la mano de una mujer. Empaparnos juntas. Reírnos hasta corrernos. Olernos el coño, Averiguar a qué huele. Recordar el primer olor, el último canal, la cueva sagrada. A qué huele el coño ? El coño huele a madre.

Fantástica Viaja Amor!…

Llego la gorda!

Me encantan. Las Krudas Cubensi. Cuban Queer Hip Hop. Yo conocí a una de ellas, Odaymara, en La Habana hace ya 17 años. Entonces éramos unas crías, sobre todo yo, que aprendí a hacer fistings, a follar en tríos, en grupo y en multitud, a follar sin recordar nada, a beber ron hasta no saber quien eres y menos quien tienes entre las piernas. Me encanta ver a Odaymara con un trabajo tan bueno. Qué buenos recuerdos y qué buenos presentes. A ver cuando vienen a España a tocar joder.…

BEATRIZ PRECIADO: Nous disons RÉVOLUTION

Nosotrxs decimos revolución.
Por BEATRIZ PRECIADO, publicado en Liberation, 20 mars 2013.

«Parece que los gurúes de la vieja Europa colonial se obstinan últimamente en querer explicar a lxs activistas de los movimientos Occupy, Indignados, dicapacitadxs[1]-trans-gays-lésbicos-intersex y post porno que no podemos hacer la revolución porque no tenemos una ideología. Dicen “una ideología” como mi madre decía “un marido”. Ciertamente, nosotros no tenemos necesidad de una ideología ni de marido. Las nuevas feministas no tenemos necesidad de maridos porque no somos más mujeres. Como no tenemos necesidad de ideología, porque no somos más un pueblo. Ni comunismo, ni liberalismo. Ni la cantinela católica-musulmana-judía. Nosotrxs hablamos otra lengua. Ellos dicen representación. Nosotrxs decimos experimentación. Ellos dicen identidad. Nosotrxs decimos multitud. Ellos hablan de controlar los barrios. Nosotrxs decimos mestizar la ciudad. Ellos dicen deuda. Nosotrxs decimos cooperación sexual e interdependencia somática. Ellos dicen capital humano. Nosotrxs decimos alianza multiespecie. Ellos dicen carne de caballo en nuestros platos. Nosotrxs decimos montemos en los caballos para escapar juntxs del matadero mundial. Ellos dicen poder. Nosotrxs decimos potencia. Ellos dicen integración. Nosotrxs decimos códigos abiertos. Ellos dicen hombre-mujer, blanco-negro, humano-animal, homosexual-heterosexual, Israel-Palestina. Nosotrxs decimos que vos sabes bien que tu aparato de producción de verdad ya no camina más… ¿Cuántos Galileos serán necesarios esta vez para aprender a nombrar las cosas por nosotrxs mismos? Nos hacen la guerra económica a golpe de machete digital neoliberal. Pero nosotrxs no vamos a llorar por el fin del Estado de Bienestar, porque el Estado de Bienestar era también el hospital psiquiátrico, el centro de inserción de los discapacitadxs, la prisión, la escuela patriarcal-colonial-heterocentrada. Es tiempo de poner a Foucault en la dieta de los discapacitadxs-queer y escribir la Muerte de la clínica. Es tiempo de invitar a Marx a un taller eco-sexual. Nosotrxs no vamos a jugar al Estado disciplinario contra el mercado neoliberal. Esos dos han alcanzado un acuerdo: en la nueva Europa el mercado es la única razón gubernamental, el estado deviene brazo punitivo cuya única función será recrear la ficción de la identidad nacional para el miedo de la seguridad. No queremos definirnos ni como trabajadores cognitivxs, ni como consumidores fármaco-pornográficos. No somos Facebook, ni Shell, ni Nestlé, ni Pfizer-Wyeth. No queremos producir francés, menos aún europeo. No queremos producir. Somos la red viviente descentralizada. Rechazamos una ciudadanía definida por nuestra fuerza de producción o nuestra fuerza de reproducción. Queremos una ciudadanía total definida por compartir las técnicas, los fluidos, las semillas, el agua, los saberes… Ellos dicen que la nueva guerra limpia se hará con los drones.…

Mi menstruación

Texto publicado el 17 de enero de 2013 en Diario Kafka, eldiario.es.

Era una tarde fría de invierno en Frankfurt am Main. Nevaba. Yo iba caminando por la Bethmann Strasse, camino de la biblioteca. De repente un dolor agudo y punzante me atravesó el vientre y me caí al suelo de rodillas. Me había venido la regla, como cada mes. Pero este mes había algo nuevo. El dolor.

Como pude me subí al U-bahn de vuelta a casa. Yo vivía por aquel entonces en un campo de caravanas en las afueras de la ciudad. En Alemania hubo un momento en los años 80 en el que la ocupación de inmuebles se hizo imposible, así que la izquierda radical alemana empezó a ocupar terrenos y a vivir en ellos en camiones, caravanas y vagones de madera. Ante un desalojo es mucho más sencillo mudarse, llevas la casa a cuestas. Hoy en día hay un montón de Wagenplatz, así se llaman. Yo vivía en Borsigallee, uno de los más grandes de Europa. Sin agua corriente, luz eléctrica, ni cuarto de baño. Tenía 23 años.

Pero de lo que yo quería hablar aquí es de lo que sentí en mis entrañas aquella tarde. De como me arrastré llorando hasta el Wagenplatz y busqué al que era mi novio de aquel entonces, un pedazo de punk que daba miedo verlo, para decirle que estaba en apuros. De como me arrastré luego hasta mi vagón sola, porque Robert, el novio punk, no vino, que bastante tenía él con su propia psicosis. De como lloré en mi cama muerta de frío y desesperación preguntándome qué estaba sucediendo dentro de mí.

Me ha costado años entenderlo. Muchos. Y durante esos años de aprendizaje me he caído rota del dolor en innumerables ocasiones y en innumerables lugares. El numerito solía ir acompañado de sudores fríos y temblores. Gritaba y lloraba durante horas y a veces días. El ibuprofeno trajo un alivio temporal a mis desdichas, y digo temporal porque pronto me habitué al fármaco y este dejó de hacer efecto. Yo acudía de vez en cuando a la consulta de algún ginecólogo para buscar soluciones, pero me decían que todo era normal en su patriarcal concepción del mundo y me recetaban algún analgésico inútil.

Una vez, ya de vuelta en España y esta vez en la sala de espera de mi podólogo, me bajó la regla y empezaron los calambres en mi útero, como cada mes.…

Las tetas y el botiquín, de Elena Alonso

La otra noche vino el vecino a mi casa cuando yo preparaba la cena.
Vivimos por causalidad cuatro familias en una especie de común-unidad y nos ayudamos, nos acompañamos. Pues eso, que vino el vecino (que me lee, y que no es padre), a pedir betadine, o agua oxigenada o algo, porque se le iba la vida por un dedo de la mano. Se había hecho tremendo corte el día anterior con el salchichón y no tenía con qué curarse mi vecino.

– Pues tengo, tengo… déjame que piense, no tengo agua oxigenada, tengo… tengo… Tengo leche materna!
– Leche materna? No jodas. Estás de coña.

Creo que fue escolarizado, pero de las propiedades de la leche materna curiosamente no le habían hablado. Así que le conté. Y luego saqué dos ejemplos vivos.

– Cuántas veces os ha curado mamá con la tetita?

– Muchas.

Las niñas sabias.

Vale. Se lo estaba pensando. Yo seguía haciendo la tortilla. Con el botiquín encima.

– Vale. Venga. Entonces… Tienes un tarrito o algo?

Me tiré desmayada al sofá, muerta de risa.

– Tengo dos! – Dije tocándome las tetas. Y me vivía de risa entre dos niñas y un hombre.

– Acerca tu dedo.

Y saqué mi teta preciosa por encima de la camiseta. Él miraba fijo la herida. Disparé, sabía que saldría por todas partes pero no le avisé. Había puesto cerca la cara. En el primer chorro le di directamente en el ojo. No podía parar de reir . Y seguí lloviendo leche materna hasta que quedó blanca la herida. Limpiándose. Curándole.

Seguro que se quedó dormido con una sonrisa esa noche.

Me pregunto en qué momento perdimos ese vínculo con la teta. Cuándo nos olvidamos de que curan. De que las mujeres somos sagradas. Y desde ahí podemos ofrecer todo nuestro amor derramado y com-placiente al mundo. A los hombres. Ellos son nosotras también.

No escondo mis tetas. Son parte de mi tesoro, de mi regalo. Acepto la bendición de haber nacido mujer , amo mi cuerpo sagrado y sus ciclos y desde ahí, recuerdo con mis hermanos, los hombres , cómo era amarnos brujas, lobas, mamíferas.

Puedes leer el artículo al completo en el blog de Elena Alonso, Viaja Amor.

Ana Elena Pena´s latest drawing


No sé todavía muy bien por qué, pero este último dibujo de Ana Elena Pena me ha turbado. Lo de andar con un chupete en el coño me parece muy apropiado para describir el estado en el que andamos por el mundo como coños dependientes e infantilizados. Y eso que está sin terminar. Por lo visto se va a llamar Come y calla. Les mantendré informados.…