Sobre su corazón de músculo, sangre y catéteres
HAY CORAZONES POR LOS QUE NO CIRCULA SANGRE.
Por fuera parecen corazones perfectamente normales,
y palpitan ocultando su veneno.
Algunos bombean petroleo.
Sus amos tienen anillos de oro estrangulando
sus dedos rollizos como almohadas.
Otros bombean mierda.
Sus amos llevan placa, sotana, una bata blanca,
los-pan-ta-lo-nes.
Otros corazones bombean semen.
Sus amos no pueden ver más allá de su propio ojete.
Metales pesados bombean los corazones de gente con títulos importantes: alcaldes, regidores, directores, jueces, generales, fiscales, autoridades variadas…
En sus caras se refleja la dureza del acero.
También he visto corazones por los que solo circula polvo.
Quienes los llevan llevan también la hipoteca,
las letras del audi cabrio,
los hijos que dios quiso darles y una tortura constante
que nunca terminan de digerir.
Corazones trabajando leche merengada con canela…
Sus propietarixs sonríen todo el tiempo y
siempre dicen las cosas que se esperaba que dijeran;
son a veces
ecologistas,
anarquistas,
feministas,
pacifistas,
gente implicada,
ya sabes: buenrollistas.
Algunos de estos dicen que llevan
un mundo nuevo dentro…
leche merengada con canela.
Corazones que baten vómito ácido.
Quienes los atrapan en el pecho
se quejan del mundo solo con palabras comprensibles
para unos pocos,
y su queja es incesante mientras
mucha gente los escucha y toma apuntes
en cuadernos de rayas.
En un par de ocasiones conocí corazones que circulaban tinta:
apenas vivieron para contar el prodigio de su existencia.
Y una vez conocí un corazón que latía poemas,
chistes,
palabras generosas y
macabradas.
Se terminó devorando a sí mismo.
Yo tengo un corazón que bombea RH-0 negativo,
sangre como la de los monos, los peces, las ratas y las hormigas.
Mi corazón bombea normalidad en un lugar
donde tener sangre en las venas es
la cosa más extraña del mundo.
Mi corazón normal, latido normal,
sangre más o menos nutricia, siempre roja,
aquí donde tener un corazón que mueve sangre
es un estigma inseparable,
una marca siempre visible.
Por eso a veces me lo abro con las manos
y lo expongo y lo exhibo como quien
se saca la chorra a la puerta de un colegio;
salpico con él hacia fuera,
lo dejo derramarse sobre todo lo que odio,
lo desbordo,
lo arriesgo,
lo pongo en juego.
Muestro la normalidad de mi corazón de músculo y sangre,
y a quien no se espanta lo alío con mi estirpe,
y a quién no se asusta, lo convierto en alianza.
Diana J.…






