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Categoría: Maternidades subversivas

Parto orgásmico sí o sí

– ¿Me explicas lo que es un parto orgásmico?

El parto se parece mucho a la relación sexual, desde el punto de vista hormonal, pues se presentan las mismas substancias, la oxitocina y las endorfinas, y también desde el punto de vista postural.
Cuando se presencian las imágenes de las posturas, gestos y gemidos de una mujer pariendo libre es inevitable pensar que en las mismas hay gran similitud con las posturas, gestos y actitudes y gemidos de una mujer sexualmente excitada.
Hasta tal punto es así que podría pensarse que el acto sexual en la mujer es una especie de ensayo para el parto.
Posiblemente el parto se encuadraría mejor desde el punto de vista biológico como un punto culminante en la vida sexual de la mujer. Claro, toda esta faceta queda anulada en un parto medicalizado.

– Pero la mayoría de las personas te dirían que el parto duele y el acto sexual no.

Si, pero hace poco leí una estadística según la cual hace cien años el 60% de las mujeres sentían dolor durante el acto sexual, hoy damos por hecho que se debía a motivos culturales o de represión sexual ¿no podría estar ocurriendo lo mismo con el parto hoy?
Sabemos que han existido culturas en las que el parto no dolía; y por otro lado todos los que asistimos partos en casa somos testigos de que un porcentaje, es verdad bajo, de mujeres, sienten algo muy parecido al orgasmo durante las últimas fases del parto.

Entrevista al doctor Emilio Santos.

Un parto en la naturaleza

Basta ya. Me han mandado este vídeo mil personas, mil veces. Lo hacen con todo el cariño del mundo y yo se lo agradezco enormemente. Pero cada vez que lo recibo pienso lo mismo: qué horror!. Y por varias razones. La primera y más importante es que es no es un buen parto en absoluto.

Cuando sale la cabeza de la criatura a la madre le da miedo que se caiga al agua, ya que no hay nadie para cogerlo (y sí para grabar, ya les vale) y entonces se bloquea y se tumba y se queda el parto a medias, ya no hay pujos y tiene que acabar de sacar la criatura un señor.

Sufro cada vez que lo veo. El espacio es precioso, por supuesto, me encanta la idea de parir en plena naturaleza y sin matronas, pero me fastidia que no haya una persona, matrona o no, para coger al bebé cuando sale. También me fastidia todo el mogollón de gente que hay alrededor y me fastidia que se esté grabando. Yo soy de la escuela de Odent, que sostiene que para que un parto vaya bien, igual que en cualquier otro proceso fisiológico, la mujer necesita intimidad y no sentirse observada. Una cámara de vídeo grabándote el coño no es el ideal de la discreción, vaya.

Por supuesto que si comparamos este parto con las carnicerías que suceden a diario en los hospitales de este país, pues sí, yo firmo, es un parto estupendo. A mí me encantaría parir en una playa solitaria… …

La venganza contra la madre

Según el Centro Reina Sofía solo en el año 2010, 21 menores de edad perdieron la vida en manos de sus padres. Entre 1990 y 2011, fueron 246, computando también aquellos bebés que se abandonaron y murieron y a los que se mató de forma directa. Once de ellos fallecieron precisamente en plena tormenta de violencia de género. Es decir, la motivación fue la misma que la de Bretón: la venganza contra la madre.

Lucía Etxebarria en Allegra Mag

Esto es violencia de género. Siempre suceden cuando la mujer se separa, o te mato a ti o les mato a ellos. Y la ley me lo pone bien fácil. Aun en casos de violencia doméstica y graves abusos se permite a los padres seguir viendo a los hijos. Esto es sexismo puro.

Y yo no puedo dejar de preguntarme si hay alguna relación entre el hecho de que el colega quemara a sus hijos y la finca donde lo hiciera se llamara las Quemadillas. ¿Y si la finca se hubiera llamado las Ahogadillas? ¿Los hubiera ahogado?…

«We should try to get used to this»

Mother and spoken-word artist Hollie McNish explains the bad experiences of some mothers in this piece below. It has over 500,000 views already so clearly many mothers relate to being consigned to the toilet to feed their babies.

Menuda vergüenza que se siga pidiendo a una mujer que amamanta que se vaya al baño a hacerlo. Asco. Rabia.…

La soledad multiplicada


Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.

Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor.

Sin temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.

Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldición.

Mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.

Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada.

Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.

Ya mi rostro de vos
cierra los ojos
y es una soledad
tan desolada.

Mario Benedetti.

Ese vos del que habla Benedetti es mi madre. Es el rostro de mi madre el que se me aparece por la noche y a quien llamo. La llamamos, los dos, el bebé y yo. La soledad en el embarazo es una soledad multiplicada. …

«Obstetrical pleasure exists»

Though childbirth is frequently spoken of in terms of pain and punishment, some women do experience what are known as orgasmic or ecstatic births. A new survey, available online May 3 in the journal Sexologies, finds that midwives report witnessing orgasms in about 0.3 percent of births.

Este artículo nos habla de como el parto orgásmico no es fantasía sino evidencia científica. Habla también de los prejuicios que genera relacionar sexualidad y parto, como si todo no sucediera en el mismo lugar por una razón. …

XY

Imagen de Vladimir Bagrianski.

Lo primero que pensé cuando me dijeron que era niño fue: «Qué bien, así no me la violan».…

El parto de Núria

Yo no tuve estrictamente un orgasmo en mi parto (o al menos como yo los había tenido hasta entonces). Noté que había acabado la dilatación porque, de pronto, sentía que me cagaba y que una gran bola de fuego me reventaba el culo y la vagina. No era estrictamente dolor, era algo salvaje, rabioso, como si toda la fuerza en erupción del cosmos explotara en mi coño. Recuerdo que, como poseída, a cada contracción gritaba, de rodillas y cogiéndome del cabezal de la cama. No veía a nadie. No escuchaba a nadie. Yo, mi cuerpo y mi hija estábamos en otra parte. Y solo sentía el fuego. De pronto, Clara salió y aquel fuego que me reventaba se frenó en seco. Antes de que le cortaran el cordón, mi hija trepó ella solita hasta mis tetas, se enganchó al pezón y ya no se separó. Durante las horas siguientes, me sentí como una diosa, fuerte, pletórica, a la que el mundo aplaudía (obviamente con justicia).Sentía que tenía fuerzas para empezar otra vez el parto y que, incluso, podía correr una maratón. Como no era el caso, me comí dos bocadillos de jamón.
Mientras me los comía, mi pareja me dijo lo que ya ha quedado como el leit motive del parto: que era imposible saber quién gritaba, si una mujer, una vaca o un dinosaurio.
En fin. Que nunca sentí que una polla me reventara de esa manera. Ni tampoco ese fuego ni esa euforia. Aquello fue una (bendita) salvajada.

Así da gusto parir, joder.…