Me quedé embarazada en verano, en la playa, a la luz del día. Recuerdo las olas, el sol en la cara, la sal. Recuerdo a los gays mirando, en plan voyeur, porque era una playa nudista y también punto de encuentro gay para relaciones sexuales casuales. Cruising, vaya. Recuerdo que era el principio del verano, la promesa del calor, de las vacaciones, del mar.
Dani llevaba una anillo muy bonito, que se compró en un lugar perdido en el centro de África. Mientras nadábamos, se le cayó. Pero buceó en el agua y lo encontró. El mar le dijo que le devolvía su anillo, pero que a cambio le tenía que dar un hijo. Dani no me dijo nada. Pero media hora más tarde estábamos en la orilla jugando con las olas y me quedé embarazada.
Lo supe enseguida, porque cuando me eché sobre la arena sentí que mi útero se retorcía de placer, era como si tuviera una serpiente dentro de mí. Esa noche leímos en el libro Historia de la Vagina, de Catherine Blackledge, que Aecio de Amida, el médico del emperador bizantino Justiniano, decía que el temblor del útero durante el coito era un signo inequívoco de embarazo.
Me pasé las siguientes semanas durmiendo como un ángel, haciendo el amor como una diosa y viendo como mi cuerpo se transformaba en una máquina de placer y sensualidad. Descubrí lo maravilloso que puede ser estar embarazada. Nunca me encontré mal, ni sentí naúseas. Con una excepción. Cuando por la mañana le hacía a Dani una felación y me tragaba su semen, me entraban ganas de vomitar. Así que dejé de hacerlo y el mundo siguió siendo maravilloso.
Pero el paraíso no duró mucho. Empecé a tener pérdidas de sangre y cometí el terrible error de consultar a un ginecólogo. Este se encargó de llenarme de culpa y de progesterona, que hacía que me sintiera irritable, nerviosa y depresiva. También me prohibió las relaciones sexuales.
He tenido ahora la oportunidad de contrastar las voces de distintos médicos, y por lo visto recetar progesterona tiene poco sentido, a parte de volverte loca. Tampoco tiene mucho sentido prohibir el sexo. La conclusión final es que no importa lo mucho que trabajes, hagas el amor o saltes montañas, un aborto no es culpa tuya.
Y aunque un aborto pueda suceder justo después de hacer el amor, eso no quiere decir que esta sea su causa.…