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Abortar en Londres

Se lo recomiendo a cualquiera.

Hace un par de días empecé a sentir una ligera molestia en el abdomen y a sangrar levemente, e intuí que estaba por comenzar el aborto. De alguna forma lo sabes. Hay un momento en el que alguien pone su mano en tu barriga y tú no notas nada. Y de alguna forma, inexplicable hasta para ti misma, lo sabes. Así que aquí estaba yo, en un hotel del centro de Londres, llamando a recepción a las 4 de la mañana para que me subieran papel higiénico retorciéndome de dolor. Nada que ver con mi idílico aborto de este verano: en una playa nudista, rodeada de mis amigos, en cuclillas delante del mar, como un animal salvaje.

Cuando pasaron 48 horas y el trabajo había llegado a su término, me dirigí a un centro médico para comprobar que todo estaba bien, como es ya la costumbre en la casa. ¡Qué tratamiento exquisito! ¡Qué respeto hacia mi cuerpo y hacia mi criterio! ¡Qué profesionalidad bien entendida! Todas mis alabanzas hacia el sistema ginecológico británico.

O tal vez simplemente tuve suerte. Aunque después de mis numerosas experiencias en España, creo que tal privilegio como la suerte no existe cuando hablamos de respeto hacia la persona por parte de la práctica ginecológica. Yo les explico. Al principio me sorprendió que la ginecóloga me pidiera permiso para meterme el estetoscopio y así poder hacerme la ecografía. Me explicó que no era obligatorio y que había otras formas de hacerlo.

Le pregunté por protocolos de actuación en caso de aborto espontáneo y me explicó que en cada caso se intentaba proceder de la forma que se ajustará más a los deseos de la mujer.

A raiz del mareo producido por la enorme pérdida de sangre, creí que estaba soñando. Me explicó que hay mujeres que lo hacen muy bien solas, como yo. Que otras prefieren ser hospitalizadas y que se les realice una intervención con anestesia local o general. Que cada mujer tenía unas necesidades. Y que ellos estaban ahí para ayudar.

Así que eso es lo que hicieron. Me sacaron sangre para ver como estaba de hierro, porque había perdido mucha. Me ayudaron a sacar los últimos coágulos de una forma muy sencilla, con una enfermera estupenda, negra y guapísima que me gritaba que empujara mientras me guiñaba un ojo y me presionaba suavemente sobre el útero.

Abortar en esta ciudad es estupendo.

Por lo demás, odio Londres.

P.S. El hospital donde me trataron es el st Mary´s hospital, y creo que es el mismo donde Candy Candy estudió enfermería. En el cómic, por supuesto, no en la serie televisiva que era un horror lacrimógeno y edulcorado. Yo me lo compraba cada semana, y un buen día, dejó de publicarse. Por lo visto la editorial quebró. No recuerdo congoja más profunda ni dolor más desesperado en mi infancia. Ese cómic era todo para mí. Muchos años más tarde conseguí on line y en inglés, el cómic al completo. Y allí leí que Candy se había hecho enfermera en el St Mary´s Hospital. Pero eso es otra historia.


María Llopis

El trabajo de María Llopis se mueve en diferentes medios y soportes, como la fotografía, el vídeo y el live art performance. Desarrolla una visión alternativa propia de la identidad sexual y de género siempre partiendo de un fuerte posicionamiento político feminista. Llopis está en la actualidad escribiendo un libro titulado Maternidades Subversivas y que tratará los temas de parto orgásmico, pornografía feminista y maternidad, maternidad transexual y trangénero, y partenogénesis, entre otros.

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