Son palabras de Lucia Etxebarría en un excelente artículo escrito a proposito de las críticas que ha recibido el último libro de García Márquez, la vida de un violador tratada de «historia de amor».
Lucía señala muy adecuadamente que si el escritor hubiera sido una mujer y el objeto de la violación anal un jovenzuelo, se hubiera puesto el grito en el cielo. Como en el caso de Fóllame de Virginie Despentes, en el que dos mujeres se dedican a follarse y asesinar machos. La respuesta de la crítica, of course, es: «oh, qué terrible perversión, debemos censurar el producto cinematográfico de esta mujer depravada.» Pero si son ellos entonces es amor. Se legitiman las relaciones de abuso/violencia como amor, o lo que es peor, sexo.
Qué paciencia. Estamos hasta los mismísimos ovarios de tanta hipocresía. Cuanto feminismo hace falta. Os dejo con el artículo de Lucia, que no tiene desperdicio. Vía Pornoterrorismo y Lolito Power.
ARTICULO DE LUCÍA ETXEBARRÍA SOBRE GARCÍA MÁRQUEZ
Argumento de una novela: Un periodista ochentón verifica, entristecido, que su potencia sexual ya no es la que era. Cosas de la edad. Llama entonces a su proxeneta de confianza, aquel que le proporciona – a él y a media ciudad – los mejores Chaperos, y le pide que le busque un jovencito al que nadie haya tocado. El proxeneta le llama unos días después: ha localizado a un magrebí de barriada obrera, de catorce años, virgen con garantía, cuya familia está de acuerdo en vender los favores del chaval porque el padre está en paro desde tiempo inmemorial. La noche acordada, el proxeneta le proporciona una droga al chico para tranquilizarlo y favorecer los avances del anciano pero con tan mala fortuna que el chico, agotado tras una jornada particularmente dura – pues a pesar de su corta edad ya trabaja ilegalmente en una fábrica – se queda tan profundamente dormido como para hacer imposible su desfloración.El viejo permanece toda la noche contemplándolo, extasiado con su belleza y cuando vuelve a casa el ochentón lleva tal calentón encima que, ante la visión de la dérriere de su secretario, que está agachado recogiendo unos papeles, no puede contenerse y le viola. Luego, le arroja unos billetes a modo de compensación.
Si este libro se publicara en España, el escándalo sería mayúsculo, del tipo del que le cayó encima a Arthur C Clarke en 1998, cuando The Mirror le acusó de ser un pedófilo. O sin ir más lejos, mi amiga Lola Beccaria tuvo que oír de todo a propósito de la publicación de su novela ” Una mujer desnuda”, en la que se narran las relaciones de una prepúber con un amigo de su padre.Pero resulta que cuando sale al mercado un libro con el mismo argumento, el mismo, pero con la sutil diferencia de que el putero es un señor heterosexual y la niña vendida y la criada violada (analmente por cierto) dos mujeres, nos encontramos entonces con “una admirable historia de amor… una estupenda metáfora de la sociedad donde todos caben con suficiencias o exageraciones, una novelita-joya que contiene sabias frases de prosa brillante, desbordante, donde la pasión tardía se enseñorea en el corazón del viejo”, en palabras de la crítica. Toma ya.