Sobre la construcción de un punto de vista transfeminista
No puede ser una visión universal y homogénea sino una conexión de voces, una articulación de alianzas que beba de distintas fuentes: el postfeminismo, el postcolonialismo, las teorías postidentitarias, la postpornografía (y post no quiere decir que están de vuelta, porque eso querría decir que no han ido demasiado lejos; sino que surgen de y van hacia un lugar aún no definido). Un punto de vista que se nutra de los conocimientos tallados a partir de experiencias. Moldeado por algo que nos cuesta mucho pensar: una ética que nos guíe y nos recuerde que hemos abandonado las identidades fijas y, con ellas, todo el tinglado montado sobre la familia nuclear, los lazos de sangre, la herencia y la descendencia, y sobre un tipo de amor, el romántico, que tan mal se lleva con nuestra ansias de libertad sexual. No se puede ser puta y santa, madre y libre, pareja y amiga, sin caer en las contradicciones de un lenguaje y unas prácticas que no cohabitan. Coexisten, pero no copulan. Y a veces se dan de hostias.
Un punto de vista transfeminista tiene que surgir de la creación y la circulación, del trabajo colectivo, distribuido y ligado. No podemos intentar poseerlo, apropiarnos de este punto de vista. No es de nadie pero tiene que ser creado por todas.
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Por Helen La floresta en Diario Infame de La Zorra Suprema.…






