
La magia
Aquí estoy con mi camiseta azul y mi cabeza ladeada en la Tate Modern el pasado mes de febrero. Era la performance final. El evento se llamaba Gender Talents o algo así y duraba todo el día, costaba 20 pounds y me dejó fría como hielo.
Lo mejor del día fue una conversación privada con la pareja de una de las conferenciantes. Hablamos sobre la magia. Me comentaba que en su último trabajo no había habido la magia de otras ocasiones. El rodaje fue agotador, claro, pero, ¿y la magia? Me hizo pensar.
A veces las cosas funcionan, pero hay algo que no funciona y no sabemos muy bien qué es. Es la magia. En el evento de la Tate faltó la magia también. En un encuentro de mujeres feministas en la Escuela de Estudios Orientales de Londres me encontré con una mujer a la que le había fascinado el evento. Supongo que si vives en Londres, que es una de las ciudades más sexistas en las que he vivido en toda mi vida, la cosa tiene gracia. Pero si has escuchado a todos los conferenciantes en múltiples ocasiones en distintas partes del mundo, la cosa no va de nuevo. Por cierto, Beatriz Preciado dijo que era la primera vez que la invitaba a Londres. Para que nos hagamos una idea del nivel de la ciudad en estos aspectos. Su charla fue utópica e idealista como la de una adolescente, y eso me gustó. Pero fue demasiado breve. Cada ponente tenía 20 minutos para expresar sus teorias, y sencillamente, ese es un tiempo insuficiente. No sé por qué se empeñan en programar charlas de 20 minutos, parece que cada vez se lleva más, por esto de ir con prisas y ahorrar un tiempo que a todo les falta.
Aquí podéis leer una review del evento en el blog de Frieze. A mí me dejó fría. Era la primera vez que pagaba por asistir a un evento de esta naturaleza, pero claro, en Londres se paga por todo. Tenía lugar en un sótano infestado de humedad en el que hacía un frío horroroso y en el que era imposible ver la luz del día. Así que en uno de los pocos días soleados de Londres, tuvimos que estar desde las 10 de la mañana hasta casi las 12 de la noche en las mazmorras de la Tate.
La activista Terre Thaemlitz, a quien tuve la suerte de ver en el PostPornPolitics Symposium de Berlin en el 2006, estuvo magistral. Cuestionó la institución del Tate Modern, en la que se pronunciaban palabras como «revolución» a cambio de un jugoso artist fee. En Londres, este discurso es tan apropiado. El dinero es lo único que mueve esta ciudad y el queer es simplemente un sinónimo de gay. Punto. Aquí el feminismo, transfeminismo o postporno no llegaron. O ya lo superaron, quieren hacernos creer, lo cual es totalmente desperanzador, porque no dejó ninguna huella.
Del LaGrace Volcano sacó a su hijo al final de la charla de esa forma en la que sólo los estadounidenses saben hacer, era como un live show sobre superación personal. Jack Halberstam habló de anarquismo queer, que es el tema al que ha hecho referencia en sus últimas intervenciones en Viena y Berlin. A mí me resulta un tanto frívolo, sobre todo teniendo en cuenta la tradición anarquista de mi país.
A mí todo en general me resultó frívolo. Creo que ya no me emocionan según que cosas. No tuve nada que apuntar en mi libreta. Me preocupó que hubiera perdido el espíritu revolucionario o algo, pero una semana más tarde lloraba de emoción en el curso de doula, así que me tranquilicé. Liliana Lammers y Michel Odent, con sus pelos blancos y su actitud sencilla, su falta de glamour y plumas, hablaban de métodos para rebelarse al sistema médico para evitar el sufrimiento innecesario de las mujeres y personas con úteros. Hablaban de anarquía, de apoyo mutuo, de organización, de ideales utópicos. Y volví a creer. Menos mal.