Les presento a Javier Contreras

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Les presento a Javier Contreras

Les presento a Javier Contreras, de México, y su hermosa pieza Pues sí, no soy un bailarín (autorretrato en cueros de caballero solo a punto de cumplir los 50 años) que pude ver en Com.posiciones.políticas esta semana y que me gustó muchísimo. El texto de la performance es una reflexión sobre la masculinidad en primera persona, muy valiente. Aquí lo tienen:

Pues sí, no soy un bailarín (autorretrato en cueros de caballero solo a punto de cumplir los 50 años)

Caballero solo:
Un hombre sólo está desnudo si se le mira el pene. Puede mostrar la rodilla, puede mostrar el pecho, puede mostrar la espalda e incluso las nalgas y, sin embargo, no estará desnudo. Sólo si muestra el pene –que en este caso, no es nada espectacular, por cierto-, podrá decir que se encuentra transparentemente “en pelotas”.
Y si además, este varón, está a punto de cumplir los cincuenta años, tendrá que decir –para ser del todo honesto- cómo es que le ha crecido la barriga, cómo casi le ha desaparecido la cintura, cómo en su pecho empiezan a aparecer los que serán sus senos de viejo… Sólo así podrá asumir su transparencia, sólo así podrá compartir su común y trivial misterio, su personal e insustituible misterio…

Pero, la verdad, no es para tanto. No hay que tomárselo tan en serio, el asunto no es tan grave. Mejor les cuento algo menos aburrido, algo más divertido, como la “Historia del animal mitad canino-mitad badajo de campana”. Este animal es herencia de mis antepasados y se quedó conmigo. Es tierno, aventurado, capaz de tribulación y de ser atribulado. En un principio, tendía a prevalecer su naturaleza canina sobre la de badajo pero en este momento mezcla sus dos vertientes de una manera casi idéntica. Lo alimento con manzanas y miel que parecen ser los nutrientes que más le gustan y convienen. Por sus características no me sorprende que mis vecinos quieran conocerlo. Por eso he destinado las mañanas de los domingos para que puedan ir a visitarlo. Ese día, coloco al animal en mi regazo y ya que estamos todos sentados, las personas me hacen las preguntas más interesantes que se puedan formular: ¿cómo se llama? ¿por qué lo tiene usted? ¿qué va a pasar cuando se muera? ¿es el único representante de su especie? y, sobre todo, ¿por qué no tiene hijos? Yo les digo a mis vecinos que no tengo cómo responderles, que sólo puedo hacerme cargo de su audacia y de su fragilidad.
“Mi pene es melancólico/No un punzón/Ni una guadaña/Caricia erguida que nace de la sangre/Pero no de la cólera/Más bien, saludo e invitación/Llamado de mi enigma a tus enigmas”.
Pero, si de veras quieren tener noticia de un misterio prístino, de un misterio verdadero, tendría que platicarles de mi amiga Irina -quien nació llamándose Rodolfo en el seno de una familia de buenos comunistas y quien, cuando se descubrió muchacha, causó una gran desasón entre sus familiares y amigos- y tendría que hablarles también de Nelly, su más profunda amiga y compañera y de cómo las dos han luchado para que nadie se atreva a erosionarles el derecho a la felicidad.
(Canta) “Arriba los pobres del mundo/ de pié los esclavos sin pan”… Por Irina y por Nelly, por un mundo en el que quepan todos los mundos.
Y si les hablara de mi propio misterio, de mi banal misterio, tendría que hablarles del Caballero Solo y contarles cosas como: “Largamente he permanecido mirando mis largas piernas/con ternura infinita y curiosa, con mi acostumbrada pasión/como si hubieran sido las piernas de una mujer divina/profundamente sumida en el abismo de mi tórax:/y es que la verdad, cuano el tiempo, el tiempo pasa,/ sobre la tierra, sobre el techo, sobre mi impura cabeza/y pasa, el tiempo pasa, y en mi lecho no siento de noche que una mujer está respirando, durmiendo desnuda y a mi lado/ entonces, extrañas, oscuras cosas toman el lugar de la ausente,/viciosos, melancólicos pensamientos/siembran pesadas posibilidades en mi dormitorio…”.
Pero, en realidad, si me hiciera una pregunta verdaderamente desnudadora, tendría que interrogar a mis prisas por qué es que me he quedado solo…
¿Saben? La soledad tiene sus oscuros benificios: no tienes ni sombra de una prójima que se atraviese en tu camino…pero es una felicidad mezquina, porque es cómoda: estás solo tú y tu sombra…
Por eso, prefiero compartirles mi plegaria: “Ser más que mi yo mismo/para encontrarnos en la cumplida promesa de la oreja/Pudiéramos decir:/esta es la piel/ y luego/hablemos en su música.”
Esta fue la Historia del Caballero Solo que, como la de todos ustedes, es la de un animal muy raro…

1 Comment
  • helen
    Posted at 09:49h, 20 noviembre

    me encanta. valiente, valiente, valiente