¿Qué hay más doloroso que el deseo no correspondido? El amor no correspondido, sería una buena respuesta. Hace un tiempo la que había sido mi pareja me informó del nuevo orden en su vida, que no me incluía a mí, por lo menos no como había sido hasta el momento. Me pilló tan por sorpresa que ni reaccioné. Pero cuando esa noche rechazó en la cama tener sexo conmigo, entendí. Entendí que iba en serio, que se había acabado y tuve que levantarme y gritar y llorar de dolor y rabia.
El tiempo, que todo lo cura, ha pasado, y comparto ahora cama con una persona de la que estoy enamorada de una forma desesperada, exacerbada, inhumana. Y me rechaza. Qué hacer con ese deseo no correspondido, con el látido de tu corazón que se vuelve loco, que lleva tu sangre a donde no tiene que llevarla mientras tú luchas y luchas por que no sea así. Cerrar los ojos e intentar dormir. Pero está el olor. Hueles su piel, su aliento, su sexo, su sudor, y ese olor se te mete dentro y no te deja respirar, y cuanto más luchas contra él, más perdida estás. Porque no hay resquicio donde poder escapar, brecha por la que huir de la pulsión de tu cuerpo.
Me parece una tortura, y no sólo física. De alguna manera te están rechazando también a otro nivel, son tus sentimientos amorosos los que se quedan dentro, axfisiados, agolpados y estrujados, sin sitio donde verterse, donde derramarse. Se te queda todo dentro, la sangre y el amor, aplastados dentro de ti, en una bola inmensa.
Y encima de todo estoy a punto de tener la regla, y mi cuerpo me pide a gritos un orgasmo, me lo pide sin clemencia, de malas maneras, con urgencia, pero no yo sóla, que soy incapaz, ni con otro, sino sobre su piel, encima de él, dentro de él, rodeada de él, con él.…