Algunos apuntes para una tecnología transfeminista, por Lucía Egaña Rojas
Lo que llamo “competencia de pollas” es, en ámbitos tecnológicos, una práctica tan habitual que ya está naturalizada (como el “lust for results”). En la competencia de pollas no importa qué haces con la tuya sino qué tamaño tiene y cuánto se tarda en ponerse dura. Es un asunto de efectividad y presencia desde una sola óptica. En la competencia de pollas no califica nada que no sea polla y de carne (nada que no sea un gadget, un artefacto, una artilugio, una máquina, nada que no tenga al menos un circuito integrado, una cpu, un código informático). En la competencia de pollas no califican los procesos, ni las observaciones, ni las narrativas, ni los sentidos. Se trata de una dinámica cosificante y material, y en cierto punto de un aberrante escencialismo tecnológico. La competencia de pollas es, como su nombre lo indica, un desfile de capacidades cosificadas donde eventualmente ganaría una de las expuestas (y aquí “ganar” se incrementa en su posibilidad con maquinarias disponibles, accesos a cacharros, en definitiva, con la propiedad privada). La “competencia de pollas” NO sirve como metodología para aprender algo, sino sólo para admirar cosas. Es una dinámica basada en la propiedad (“mira qué guapo MI cacharro”) y por ende esta práctica queda excluida de las que enunciaremos como tecnotransfeministas.
Puedes leer el fantástico artículo de Lucia aquí.
lucía
eh, gracias maría! un abrazo hasta donde estés y más allá.