Queer Theory

28 Abr Gender and sexuality festival in Utrech

Marije Janssen, una crack en el tema del porno alternativo y político desde hace siglos, me acaba de invitar a participar en el festival que está organizando en Utrech. Me ha hecho mucha ilusión. Formaré parte de la exposición sobre deseo y atracción titulada ‘Show Me What You Got’ con el vídeo de sexo online Chatroulette. Y me pagan artist fee. Así da gusto.

El festival tendrá lugar del 8 al 30 de junio en Utrech y se llama DIEP.

11 Mar La magia

Photo:Christa Holka.

Aquí estoy con mi camiseta azul y mi cabeza ladeada en la Tate Modern el pasado mes de febrero. Era la performance final. El evento se llamaba Gender Talents o algo así y duraba todo el día, costaba 20 pounds y me dejó fría como hielo.

Lo mejor del día fue una conversación privada con la pareja de una de las conferenciantes. Hablamos sobre la magia. Me comentaba que en su último trabajo no había habido la magia de otras ocasiones. El rodaje fue agotador, claro, pero, ¿y la magia? Me hizo pensar.

A veces las cosas funcionan, pero hay algo que no funciona y no sabemos muy bien qué es. Es la magia. En el evento de la Tate faltó la magia también. En un encuentro de mujeres feministas en la Escuela de Estudios Orientales de Londres me encontré con una mujer a la que le había fascinado el evento. Supongo que si vives en Londres, que es una de las ciudades más sexistas en las que he vivido en toda mi vida, la cosa tiene gracia. Pero si has escuchado a todos los conferenciantes en múltiples ocasiones en distintas partes del mundo, la cosa no va de nuevo. Por cierto, Beatriz Preciado dijo que era la primera vez que la invitaba a Londres. Para que nos hagamos una idea del nivel de la ciudad en estos aspectos. Su charla fue utópica e idealista como la de una adolescente, y eso me gustó. Pero fue demasiado breve. Cada ponente tenía 20 minutos para expresar sus teorias, y sencillamente, ese es un tiempo insuficiente. No sé por qué se empeñan en programar charlas de 20 minutos, parece que cada vez se lleva más, por esto de ir con prisas y ahorrar un tiempo que a todo les falta.

Aquí podéis leer una review del evento en el blog de Frieze. A mí me dejó fría. Era la primera vez que pagaba por asistir a un evento de esta naturaleza, pero claro, en Londres se paga por todo. Tenía lugar en un sótano infestado de humedad en el que hacía un frío horroroso y en el que era imposible ver la luz del día. Así que en uno de los pocos días soleados de Londres, tuvimos que estar desde las 10 de la mañana hasta casi las 12 de la noche en las mazmorras de la Tate.

La activista Terre Thaemlitz, a quien tuve la suerte de ver en el PostPornPolitics Symposium de Berlin en el 2006, estuvo magistral. Cuestionó la institución del Tate Modern, en la que se pronunciaban palabras como “revolución” a cambio de un jugoso artist fee. En Londres, este discurso es tan apropiado. El dinero es lo único que mueve esta ciudad y el queer es simplemente un sinónimo de gay. Punto. Aquí el feminismo, transfeminismo o postporno no llegaron. O ya lo superaron, quieren hacernos creer, lo cual es totalmente desperanzador, porque no dejó ninguna huella.

Del LaGrace Volcano sacó a su hijo al final de la charla de esa forma en la que sólo los estadounidenses saben hacer, era como un live show sobre superación personal. Jack Halberstam habló de anarquismo queer, que es el tema al que ha hecho referencia en sus últimas intervenciones en Viena y Berlin. A mí me resulta un tanto frívolo, sobre todo teniendo en cuenta la tradición anarquista de mi país.

A mí todo en general me resultó frívolo. Creo que ya no me emocionan según que cosas. No tuve nada que apuntar en mi libreta. Me preocupó que hubiera perdido el espíritu revolucionario o algo, pero una semana más tarde lloraba de emoción en el curso de doula, así que me tranquilicé. Liliana Lammers y Michel Odent, con sus pelos blancos y su actitud sencilla, su falta de glamour y plumas, hablaban de métodos para rebelarse al sistema médico para evitar el sufrimiento innecesario de las mujeres y personas con úteros. Hablaban de anarquía, de apoyo mutuo, de organización, de ideales utópicos. Y volví a creer. Menos mal.

17 Ene El artículo de la semana

Qui défend l’enfant queer?, por Beatriz Preciado, publicado en Libération el 14 de enero de 2013.

Los católicos, judíos y musulmanes integristas, los copeístas* desinhibidos, los psicoanalistas edípicos, los socialistas naturalistas à la Jospin, los izquierdistas heteronormativos y el rebaño creciente de los modernos reaccionarios estuvieron de acuerdo este domingo en hacer del derecho del niño a tener un padre y una madre el argumento central que justifica la limitación de los derechos de los homosexuales. Se trató de su día de salida, la gigantesca salida del clóset de los hererócratas. Ellos defienden una ideología naturalista y religiosa de la que se conocen los principios. Su hegemonía heterosexual ha reposado siempre sobre el derecho de oprimir a las minorías sexuales y de género. Se tiene la costumbre de verlos blandir una hacha. Lo que es problemático, es que fuerzan a los niños a portar esa hacha patriarcal.
El niño que Frigide Barjot asegura proteger no existe. Los defensores de la infancia y la familia hacen llamado de la familia política de un niño que ellos construyen, un niño presupuesto heterosexual y bajo la norma del género. Un niño que privan de toda fuerza de resistencia, de toda posibilidad de hacer un uso libre y colectivo de su cuerpo, sus órganos y sus fluidos sexuales. Esta niñez que ellos aseguran proteger exige el terror, la opresión y la muerte.
Frigide Barjot, su musa, aprovecha que es imposible para un niño rebelarse políticamente contra el discurso de los adultos: el niño es siempre un cuerpo a quien no se reconoce el derecho de gobernar. Permítanme inventar, retrospectivamente, una escena de enunciación, de hacer un derecho de réplica en nombre del niño gobernado que fui, de defender otra forma de gobierno de los niños que no son como los otros.
Alguna vez fui el niño que Frigide Barjot se enorgullece de proteger. Y me sublevo hoy en nombre de los niños que estos discursos falaces esperan preservar. ¿Quién defiende los derechos del niño diferente? ¿Los derechos del chico pequeño que ama vestir de rosa? ¿De la chica pequeña que sueña con casarse con su mejor amiga? ¿Los derechos del niño queer, maricón, tortillera, transexual o transgénero? ¿Quién defiende los derechos del niño para cambiar de género si lo deseara? ¿Los derechos del niño a la libre autodeterminación de género y sexualidad? ¿Quién defiende los derechos del niño a crecer en un mundo sin violencia sexual ni de género?
El discurso omnipresente de Frigide Barjot y de los protectores de los “derechos del niño a tener un padre y una madre” me hacen volver al lenguaje del nacional catolicismo de mi infancia. Nací en la España franquista, en la cual crecí con una familia heterosexual católica de derecha. Una familia ejemplar, que los copeístas podrían erigir como emblema de virtud moral. Tuve un padre, y una madre. Cumplieron escrupulosamente su función de garantes domésticos del orden heterosexual.
En el discurso francés actual contra el matrimonio y la Procreación Médicamente Asistida (PMA) para todos, reconozco las ideas y los argumentos de mi padre. En la intimidad del hogar familiar, desplegaba un silogismo que invocaba la naturaleza y la ley moral con el fin de justificar la exclusión, violencia e incluso asesinato de los homosexuales, travestis y transexuales. Comenzaba por “un hombre debe ser un hombre y una mujer una mujer, así como Dios lo ha querido”, continuaba por “lo que es natural, es la unión de un hombre y una mujer, es por esto que los homosexuales son estériles”, hasta la conclusión, implacable, “si mi hijo es homosexual prefiero matarlo”. Y ese hijo, era yo.
El niño a proteger de Frigide Barjot es el efecto de un dispositivo pedagógico temible, el lugar de proyección de todos los fantasmas, la coartada que permite al adulto naturalizar la norma. La biopolítica1 es vivípara y pedófila. La reproducción nacional depende de ello. El niño es un artefacto biopolítico garante de la normalización del adulto. La policía del género vigila la cuna de los vivientes por nacer, para transformarlos en niños heterosexuales. La norma realiza su ronda alrededor de los cuerpos tiernos. Si tú no eres heterosexual, es la muerte quien te espera. La policía del género exige cualidades diferentes del pequeño chico y la pequeña chica. Da forma a los cuerpos a fin de dibujar órganos sexuales complementarios. Prepara la reproducción, desde la escuela al Parlamento, industrializándola. El niño que Frigide Barjot desea proteger es la creatura de una máquina despótica: un copeísta empequeñecido que hace campaña para la muerte en nombre de la protección de la vida.
Recuerdo el día en el que, en mi escuela de monjas, las Hermanas Reparadoras del Sagrado Corazón de Jesús, la madre Pilar nos pidió dibujar a nuestra futura familia. Tenía 7 años. Me dibujé casada con mi mejor amiga Marta, tres niños y varios perros y gatas. Había ya imaginado una utopía sexual, en la cual existía el matrimonio para todos, la adopción, la PMA… Algunos días después, la escuela envió una carta a casa, aconsejando a mis padres llevarme a ver a un psiquiatra, a fin de arreglar lo antes posible un problema de identificación sexual. Numerosas represalias siguieron a esta visita. El desprecio y rechazo de mi padre, la vergüenza y culpabilidad de mi madre. En la escuela, se extendió el rumor de que yo era lesbiana. Una mani de copeístas y frigide-barjotianos se organizaba cotidianamente delante de mi clase. “Sal tortillera, decían, se te violará para que aprendas a besar como Dios lo quiere.” Tenía un padre y una madre, pero fueron incapaces de protegerme de la depresión, la exclusión, la violencia.
Lo que protegían mi padre y mi madre, no eran mis derechos de niño, sino las normas sexuales y de género que se habían ellos mismos inculcado en el dolor, a través de un sistema educativo y social que castigaba toda forma de disidencia con la amenaza, la intimidación, el castigo, y la muerte. Tenía un padre y una madre, pero ninguno de los dos pudo proteger mi derecho a la libre autodeterminación de género y sexualidad.
Huí de este padre y esta madre que Frigide Barjot exige para mí, mi supervivencia dependía de ello. Así, aunque tuve un padre y una madre, la ideología de la diferencia sexual y la heterosexualidad normativa me los había confiscado. Mi padre fue reducido al rol de representante represivo de la ley del género. Mi madre fue privada de todo lo que habría podido ir más allá de su función de útero, de reproductora de la norma sexual. La ideología de Frigide Barjot (que se articulaba entonces con el franquismo nacional católico) ha desollado al niño que yo era del derecho de tener un padre y una madre que habrían podido amarme, y cuidar de mí.
Nos llevó mucho tiempo, conflictos y heridas superar esta violencia. Cuando el gobierno socialista de Zapatero propuso, en 2005, la ley del matrimonio homosexual en España, mis padres, siempre católicos practicantes de derecho, se manifestaron a favor de esta ley. Votaron a favor del partido socialista por primera vez en su vida. No se manifestaron únicamente en favor de defender mis derechos, sino también de reivindicar su propio derecho a ser padre y madre de un niño no-heterosexual. Para el derecho a la paternidad de todos los niños, independientemente de su género, su sexo o su orientación sexual. Mi madre me contó que tuvo que convencer a mi padre, más reacio. Me dijo “nosotros también, nosotros tenemos el derecho de ser tus padres”.
Los manifestantes del 13 de enero no defendieron el derecho de los niños. Defienden el poder de educar a los hijos en la norma sexual y de género, como supuestos heterosexuales. Desfilan para mantener el derecho de discriminar, castigar y corregir toda forma de disidencia o desviación, pero también para recordar a los padres de hijos no-heterosexuales que su deber es tener vergüenza por ellos, rechazarlos y corregirlos. Nosotros defendemos el derecho de los niños a no ser educados exclusivamente como fuerza de trabajo y reproducción. Defendemos el derecho de los niños a no ser considerados como futuros productores de esperma y futuros úteros. Defendemos el derecho de los niños a ser subjetividades políticas irreductibles a una identidad de género, sexo o raza.

* Seguidor de Jean-François Copé, político francés.
1 Concepto de Michel Foucault que designa un poder que se ejercer sobre el cuerpo y las poblaciones. Autora de “Pornotopía: Arquitectura y sexualidad en Playboy durante la guerra fría”, (Anagrama, 2010).