Violación en La Habana

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    Barcelona 2004

    Este texto está publicado en el libro El Postporno era eso, Melusina 2010.

    Nos obstinamos en hacer como que la violación es un hecho extraordinario y periférico, fuera de la sexualidad, evitable. Como si no concerniera más que a poca gente, agresores y víctimas, como si constituyera una situación excepcional, que no dice nada del resto. Cuando está, bien al contrario, en el centro, en el corazón mismo, en la base de nuestra sexualidad.

    King Kong Theory, Virginie Despentes

    Hay tantas maneras de violarnos. Y tantas maneras de reaccionar ante la agresión. Cuando yo era pequeña, leía Ragazza. De ahí pasé al Cosmopolitan. Afortunadamente el paso siguiente no fue Elle, Telva o demás. Acudí al instituto de la mujer. Por aquel entonces buscaba consejos y pistas sobre la vida. Menuda ayuda. Uno de los temas que me interesaban mas era el de qué hacer ante una violación. Qué tontas parecen ahora mis investigaciones! Sobre todo, qué inocentes. Toda esa búsqueda a nivel teórico, cuando lo que de verdad me habría servido hubiera sido aprender más sobre violencia a nivel práctico.
    Me pasé mi infancia leyendo y dibujando sola. Nunca jugué mucho, fui una niña miedosa y la actividad física vino en la adolescencia, con la asignatura de educación física. Pero nunca me gustaron los deportes de equipo, sólo me interesaron los deportes de resistencia en solitario: natación, bici, correr. Nadie me enseñó a pelear y yo tampoco aprendí sola. Esto sí que me hubiera servido. Y no los folletitos del instituto de la mujer.
    Y sucedió: Salí por la noche, con una chica a la que acababa de conocer esa misma tarde.
    Conocemos a dos tipos, los dos son muy altos, uno muy delgado y el otro enorme, un poco gordo. Nos invitan a comer en su casa y luego nos vamos de fiesta por ahí con ellos. Bebemos mucho. Un taxi de vuelta a casa. Yo indico la dirección de mi hotel al taxista, pero el gordo grita la suya y el taxista le hace caso a él. Llegamos a la casa.
    Tal vez deba añadir que era mi primera noche en una ciudad desconocida, en un pais nuevo para mi, que estaba sola y que tenia 20 años.
    Llegamos a la casa. El delgado se va con la chica y yo me quedo sola con el grandote. Mas tarde ella me contó que él la acompañó al hotel.
    Yo me quedo sola alli con él y sé lo que va a pasar. No escapo corriendo. No hay luz en las calles, no sé en que parte de la ciudad estoy. Borracha y confundida. Intento irme, no me deja. Violencia física. Le recuerdo enorme. Y yo mido un metro 80. Me mete a empujones en una habitacion y cierra la puerta con llave. Me tira encima de la cama. Sé lo que va a pasar. Todo el mundo lo sabe. Yo lo sé. Tu lo sabes. Él lo sabe. Pienso en tres cosas: sida, embarazo, dolor físico. Si hasta el momento mi actitud era de esistencia y lagrimeo, cambio radicalmente. Me dije a mi misma: Venga, baby, solo es un tio mas, una polla mas. Fóllatelo, que no te folle él a ti. Que no se corra dentro, que no te haga daño. Que no te deje embarazada, que no te contagie una enfermedad.
    Así que me puse a follar con toda mi buena voluntad, con todas mis ganas.Me puse sobre él. Le follé.Le convencí para que se pusiera un condón, un rato. Y me concentré tanto en el asunto, que hasta me corrí. Uno de estos orgasmos que libera tensión, nervios. Uno de estos orgasmos inexplicables. Expliqueselo usted al señor juez.
    Cuando por fin terminó, lloré un monton. Cuando por fin llegué a mi hotel, escribi lo que había pasado. Y me fui a la embajada española a por la pastilla del día siguiente para no quedarme embarazada. Me preguntaron si era vigen. Me dijeron que no era una violación porque yo no era virgen. Me dieron un calmante. Dormí 24 horas en mi cama del hotel.
    Me quedaban 4 semanas en la isla. Sali a la calle. En todas esas revistas horribles habia leído historias truculentas de mujeres viololadas incapaces de disfrutar de nuevo de su cuerpo. Pensé que yo no quería que me pasara eso. Decidí follar de nuevo lo mas pronto posible para olvidar el incidente. Esa noche conocí a tres amigos. Ella era lesbiana, decía. Ellos dos, bisexuales, decian. Esa noche follamos los cuatro. Fue el principio de una gran amistad, me enseñaron su ciudad y me hicieron reir mucho. Follé mucho con ellos y con todos sus amigos. Bebía mucho, por las mañanas no recordaba nada. Paseabamos por la ciudad y me saludaba gente que yo no conocía, pero que por lo visto había estado follando la noche anterior. Me follaba a todo dios.
    Y paro ya, porque no voy a contaros mi vida hoy aqui. Yo solo quería hablar del orgasmo de mi violación, pense que a alguien podría servirle. Ya ves. Tenemos tantas historias que contar.
    Todas las tardes llueve en La Habana. Una lluvia fina y silenciosa, que alivia el calor del dia y te refresca para pasar la noche.

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    Rape in La Habana

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    Barcelona
    2004

    There Are Countless Ways to Violate Us. And countless ways to react against agression.
    When I was a little girl, I used to read Ragazza. From there I moved to Cosmopolitan. I was turning to “The Institute of Womanhood.” And from there I looked for advice and clues about life.
    Some help.
    One of the topics that interested me the most was what to do in case of rape. How foolish my investigations now seem! Above all, how innocent.
    All this search on a theoretical level, when in reality what would have served me better would have been to learn more about violence on a practical level.
    I spent my childhood reading and drawing alone. I never played much; I was a scared child and physical activity as such only came with the mandatory physical education classes of adolescence. But I never liked team sports. I was only interested in solitary sports: swimming, cycling, running.
    Nobody taught me how to fight and I didn’t learn on my own either. This would certainly have been useful. More useful than the oh-so-helpful glossy brochures of the “Institute of Womanhood.”
    And it happened:
    I go out for the night with a girl I have just met that same afternoon. We meet two guys. They are both very tall, one very thin and the other one huge. They invite us to eat at their house and later to go and party with them. We drink a lot. A taxi to go back home. I tell the taxi driver the address of my hotel, but the huge one screams his address and the taxi driver pays attention to him instead of me. We arrive at his house.
    Maybe I should add that it was my first night in an unknown city, in a country that was new to me – that I was alone and 20-years-old.
    We arrive at the house. The thin one leaves with the other girl, and me, I stay alone with the giant. Later the other girl tells me that the thin one went with her to her hotel.
    Me, I stay alone with him and I know what’s going to happen. I don’t escape running. There isn’t light in the streets. I don’t know what part of the city I’m in. Drunk and confused. I try to leave, he doesn’t let me. Physical violence. I remember him as enormous and I’m a tall girl.
    He pushes me into a room and locks the door with a key. He throws me onto the bed.
    I know what’s going to happen. Everyone knows. I know. You know. He knows.
    I think about three things: AIDS, pregnancy, and physical pain. If up until that moment I had been resistant and weepy, I changed dramatically. I said to myself, “Come on, baby. It’s just one guy more, one dick more. Fuck him so that he doesn’t fuck you. So that he doesn’t come inside you. So that he doesn’t hurt you. So that he doesn’t make you pregnant. So that he doesn’t give you a disease.
    And so I started to fuck him with all my might. I got on top of him. I fucked him. I convinced him to wear a condom for a while.
    And I concentrated so hard on the subject that I even came. One of those orgasms that relieves tension, nerves. One of those unexplainable orgasms. Explain it to the right honourable judge.
    When it was finally over, I cried and cried.
    When I finally got back to my hotel, I wrote down what had happened.
    And I went to the Spanish embassy to get the morning after pill so that I wouldn’t get pregnant. They asked me if I was a virgin. They told me it wasn’t rape because I wasn’t a virgin. They gave me a tranquilizer. I slept 24 hours in my hotel bed.
    I still had four weeks left on the island.
    I went out into the street.
    In all of those horrible magazines, I had read sordid stories of raped women incapable of enjoying their bodies again. I don’t want this to happen to me, I thought. I decided to have sex again as soon as possible to forget the incident.
    That night I met three friends. She was lesbian, she said. The two guys, bisexual, they said. That night the four of us fucked. It was the beginning of a great friendship. They showed me their city and made me laugh. I had a lot of sex with them and with all of their friends. I was drinking a lot, and in the morning I didn’t remember anything. We wandered through the city, and people I didn’t know greeted me, when actually I had had sex with them the night before. I was fucking everything that moved. It was a time when I would have fucked god himself.
    And I’ll stop here, because I’m not going to tell you my entire life story. I only wanted to speak about the orgasm of my violation, because I thought it might be useful to someone.
    Who knows. We have so many stories to tell.
    It rains every evening in Havana. A fine and silent rain that alleviates the heat and refreshes you to pass the night.

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