La tecnología es el nuevo fetiche

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    Conferencia Congreso Cimuat sobre mujeres y tecnología, Universidad de Valencia 2010

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    Son las 3 de la mañana. Acabo de llegar a casa. Estoy borracha y cansada, pero no tengo ganas de dormir. Esta noche no he ligado y me apetece sexo. Me meto con mi ordenador en la cama y me lo pongo entre las piernas. Tecleo en la barra del navegador chatroulette.com (una web para chatear en la que se tiene sexo on line con desconocidos) y me aparece una ventana advirtiéndome de que mi imagen puede ser grabada. Acepto.
    A mí me da igual que me graben y que utilicen mi imagen para lo que sea. Porque considero que mi dignidad va más allá de la imagen de mi cuerpo desnudo y abierto de piernas en la red. Es más, considero que esa es mi dignidad. Trabajo en torno a la sexualidad, la postpornografía y los nuevos feminismos, así que mi cuerpo es mi campo de batalla. Aunque en la sociedad en la que vivimos el hecho de mostrarme es considerado una humillación. Un hombre no tendrá muchos problemas, a no ser de que muestre prácticas tales como homosexualidad, transexualidad, fetiches y otras prácticas fuera de la heteronormatividad.
    Pero los viejos tabues en torno a la sexualidad de la mujer persisten y somos consideradas unas guarras si nos negamos a mantener nuestras piernas cerradas en el espacio público.
    Nosotras reivindicamos esa guarrería. Putas, guarras y orgullosas. Y cuando digo nosotras me refiero al movimiento postporno. Me refiero a Diana Pornoterrorista, a las Post Op, a la Quimera Rosa, a Helen la Zorra Suprema, a Itziar Ziga, a Klau Kinky y a tantas otras. Y también a todos esos hombres fuera y dentro del movimiento que se muestran penetrados por dildos imposibles, que reniegan de una masculinidad hecha de roles de género normativos. Hombres que deciden plantear una nueva masculinidad donde se alían feminidades y feminismos.
    En otras sociedades, lejanas y remotas, la exhibición de la vulva era una muestra de fuerza y de honor. Ana Suromai se llama. Mujeres que exponen sus genitales y con ello aplacan la ira de monstruos y dragones, mujeres que enseñan sus coños abiertos al mar para que este no se enfurezca y les traiga a sus maridos marineros de vuelta. “La mar es posa bona cuan veu el con d´una dona”, reza un antiguo dicho catalán. Qué lejos nos quedan ahora esos dichos, esas esculturas, esos dibujos y esas estatuas de mujeres mostrándose.
    En la sociedad en la que vivo, las mujeres exponen sus vulvas en primerísimos primeros planos en la pornografía o en la silla de la clínica ginecológica.

    Llena de orgullo contemplo mi coño abierto en la pantalla de mi mac. Tengo la máquina entre las piernas, sujeta firmemente, de modo que la web cam graba mis genitales. En chat roulette puedes chatear con cámara con desconocidos. Vas apretando la tecla de next hasta que te encuentras con alguien que te seduce y con quien te apetece pasar un rato. Es azaroso con quien te vas a encontrar, sólo puedes darle al siguiente y rara vez repites partenaire. Sobre todo te encuentras con pollas en erección, y sí, hay pocas chicas. Con lo divertido que es. Y muy práctico. Llegas a casa tarde y cansada y sin haber ligado y tienes ahí a tu disposición a un montón de carne sólo para ti.
    Voy a por faena. Empiezo a pasar ventanas y me encuentro con un grupo de chicos. Me quedo. Hi. Hi. Me encantan los grupos, son muy divertidos. Jugamos. Haz esto, haz lo otro. De repente me preguntan si soy un hombre y la pregunta me desconcierta porque la obviedad de mi desnudo integral se muestra clara y concisa. Insisten. Me preguntan si me he operado. Si me he puesto tetas, si me he quitado la polla y me he construído un coño. La sangre fluye ahora en dirección opuesta. De mis genitales a mi cabeza. Me pongo a pensar y dejo de pajearme. ¿Por qué estos chavales me están preguntando esto? Creo que lo sé. Hoy estoy obvia, sin preliminares, directa, quiero sexo y punto. No estoy tímida ni discreta ni pasiva. Es el comportamiento que la sociedad asocia a la masculinidad, así que estos machitos heteros no pueden asumir que una persona con un coño entre las piernas pueda salirse del rol de género femenino clásico y navegar con un rol activo. Tiene que ser un hombre.
    A veces me dicen que soy muy masculina, pero quien me dice algo así sólo está mostrando sus prejuicios con respecto a lo que debe ser un hombre en contrapartida a una mujer. La feminidad versus masculinidad. Como si el género no fuera algo que fluye y que navega y que cambia y que nunca se mantiene estático. Qué cansancio ser siempre agresiva dominante. Estoy segura de que todos esos machos heteros no lo aguantan tampoco y que se mueren de ganas de jugar con su feminidad. Si todos hiciéramos un poquito más lo que nos viene en gana y un poquito menos lo que creemos que tenemos que hacer.
    Hago click en el botón de next y busco un nuevo partenaire en el chat roulette. Chicos, ahí os quedaís. Ni me despido de los chavales que están convencidos de mi transexualidad. Next. Next. Next. Me encuentro a un chaval que parece interesado en lo mismo que yo, una paja a dos para aliviar la tensión de la noche. Nos ponemos, chateamos un poco y comenzamos a masturbarnos. El teclado está pegajoso. Esto es lo que tiene el cyber sexo, que es imposible no dejar el ordenador hecho un asco, porque estás con las manos en la masa, pero la interacciones a través de tu hardware y no vas a estar limpiándote las manos ante la urgencia del deseo. A veces tengo la sensación de que me follo a mi mac, sosteniéndolo entre mis piernas que tiemblan por el orgasmo inminente, con el teclado impregnado de mi flujo. Y la verdad es que me erotiza. Mi mac, siempre ahí para mí, todo mío, una puerta abierta a un mundo infinito de deseos a través de internet. Mi herramienta de trabajo, mi herramienta de ocio, mi herramienta de placer. La tecnología convertida en fetiche.
    Me masturbo contemplando como se la menea el individuo que tengo en pantalla. Me excita el real time, el hecho de que esto esté sucediendo en algún lugar del mundo ahora, ni idea donde, lo importante es que hay dos personas que quieren sexo ahora, y a las que les pone que otra persona también lo quiera en este preciso momento. Y nos da igual quien sea el otro, ni qué es el otro, lo único que importa es que nos pone vernos, ver la carne del otro, ver el deseo del otro. A penas hemos empezado, pero veo como el semen se derrama. Qué rápido, pienso. Me vuelco sobre el teclado para preguntarle por su rápido orgasmo pero sin más contemplaciones el chaval me pasa, es decir, ha apretado la tecla de next se ha desconectado, es decir, me ha dejado plantada y a medias.
    Me enfado.
    Igualito que en la realidad no virtual, el típico o la típica que se corre y se levanta y ni se preocupa de por donde andas tú. Falta de modales y falta de educación que tiene la gente. A veces las cosas son lo mismo en todas partes, da igual que estés echando un polvo en el baño, en tu cama o en chat roulette. Yo, cuando me corro y veo que la otra persona todavía no ha llegado, me quedo abierta de piernas un rato, para que el otro pueda acabar. Tengo modales. Chat roulette es una cama más en la que meternos a follar, y el sexo es sexo en todos lados.
    Acabo mi accidentada paja con el primero que me encuentro y coloco la web cam apuntando a la pared. Dudo de si debería seguir. Son las 4 de la mañana pero sigo sin tener sueño. Me cuesta salir del chat roulette. Estoy enganchada, lo reconozco. Me conecto cada día, por la mañana, por la noche y durante el día en cada hueco que tengo. Tengo ganas de conectarme ahora mismo mientras escribo este texto. Ayer llegué tarde a la cita con mi editora porque faltaban 20 minutos para tener que salir de casa y aproveché para conectarme, y claro, me encontré con un tío encantador de Lisboa, y tuve que desnudarme con él y pajearme y correrme y volverme a vestir y lavarme la cara y quitarme la expresión de idiota que se me queda después de tener un orgasmo y salir a la calle y entrar en el mundo real. Porque estos mundos son otros mundos, aunque esas persona existen y se pajean y se corren como yo, de alguna forma pertenecen a mi fantasía, no existen más que en mi deseo y cuando mi deseo es saciado y mis normas de cortesía aplicadas, apago la pantalla de mi ordenador y estoy yo sola. Sola.
    Me da miedo este sexo higiénico y seguro que supone tener sexo on line. No hay riesgos, no me puedo quedar embarazada, no puedo coger una enfermedad de transmisión sexual, no me pueden comer la cabeza. Porque cuando yo quiero, desconecto la pantalla y se acabó, estoy en el silencio de mi cuarto, en la soledad de mi mundo, en la otra realidad, la de este lado del teclado.
    Sigo. Sigo y me encuentro con un señor mayor que me cae simpático, así que me quedo. El señor quiere un primer plano de mi coño y yo se lo doy, soy muy complaciente en el chat roulette, tengo alma de sumisa. Pero de repente la imagen se mueve, la web cam del señor está desplazándose y me pregunto donde va. “Look, I am touching your pussy”. Y veo como su dedo acaricia la imagen de mi coño abierto en la pantalla de su ordenador, porque le ha dado la vuelta a la web cam y enfoca su propia pantalla. Menuda superposición de capas de realidad, pienso. Y me rio.
    Next.
    El siguiente lleva puesta una máscara de una calavera. Me pone follarme de forma simbólica a la muerte. “Nice mask”, le digo. “Show me your pussy”, me contesta. Me corro alegremente y me voy a dormir, porque son las 5 de la mañana y estoy satisfecha.
    Barcelona, 6 de julio de 2010.
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    Revising gender roles and stereotypes through art and technology

    Lecture
    Cimuat Women and Thecnology Lecture. University of Valencia, 2010

    It’s 3am. I just got home. I’m drunk and tired, but I’m not sleepy. I didn’t pick anyone up tonight and I feel like sex. I get into bed with my computer and rest it between my legs. In the browser, I type chatroulette.com (a chat website that allows you to have online sex with strangers) and a pop-up window warns be that my image could be recorded. I accept.
    I don’t care about getting filmed and they can use my image for whatever they want. Because I think that my dignity does not just come down to the image of my body, legs spread open, on the net. Actually, I think that that is my dignity. I work in the field of sexuality, post-pornography and new feminisms, so my body is my battleground. Even if our society sees the act of showing myself as a humiliation. A man won’t have problems unless he shows practices such as homosexuality, transexuality, fetishes or other non-heteronormative practices.
    But the old taboos around women’s sexuality persist, and we’re considered sluts if we refuse to keep our legs together in public space.
    We defend that sluttiness. Whores, sluts and proud. And when I say “we” I mean the postporn movement. I mean Diana Pornoterrorista, Post Op, Quimera Rosa, Helen la Zorra Suprema, Itziar Ziga, Klau Kinky and many, many more. And I also mean all the men in and out of the movement who show themselves being penetrated by impossible dildos, who renounce a masculinity made up of normative gender roles. Men who choose to adopt a new masculinity in which femininities and feminism become allies.
    In faraway, remote societies, a woman displaying her vulva was a show of power and honour. It is called Ana Suromai. Women who expose their genitals to placate the wrath of monsters and dragons, women who show their open cunts to the sea so that it won’t become furious and bring their seafaring husbands safely home. “La mar es posa bona cuan veu el con d´una dona”… “the sea calms down when it sees the cunt of a woman,” an old Catalan saying goes. They seem so distant now, these sayings, these sculptures, these drawings and these statues of women showing themselves. In the society in which I live, women expose extreme close-ups of their vulvas in pornography and on gynaecologist’s couches.
    Proudly, I look at my open cunt on the screen of my mac. I’m holding the machine between my legs, firmly, so the web cam films my genitals. On chat roulette you can chat with strangers with a camera. You keep clicking on “next” until you come across somebody who seduces you and who you feel like lingering with. Your encounters are random, your only option is to click on next, and you rarely get the same partner twice. Mostly you find erect penises, and yes, there are few girls. A pity, because it’s great fun. And practical too. You get home late, tired, alone, and you have a world of flesh at your disposal.
    I go to work. I click from screen to screen and come across a group of guys. I stay. Hi, hi. I love groups, they’re fun. We play. Do this, try that. Suddenly they ask me whether I’m a man. I find the question disconcerting, the my full-body nakedness is clear and concise. They insist. They ask me if I’ve had an operation. If I got tits put in, got my penis removed and had a cunt reconstruction. My blood starts flowing in the opposite direction. From my genitals to my head. I start thinking and stop masturbating. Why are these guys asking me this? I think I know. Today I’m in an obvious mood, no preliminaries, direct, I want sex and that’s it. I’m not timid or discreet or passive. That’s the kind of behaviour that society links to masculinity, so these little hetero punks can’t accept that a person with a cunt between her legs can step outside of the classic female gender and be online with an active role. It must be a man.
    People sometimes tell me that I’m very masculine, but those who say it are only showing their prejudices in terms of what a man should be as compared to a woman. Femininity versus masculinity. As though gender did not flow, drift and change, never remaining static. How tiring it must be to always be dominant aggressive. I’m sure that all those hetero machos can’t stand being trapped in it either, that they’re dying to play with their femininity. If only we all did a bit more of what we felt like, and a bit less of what we think we have to do.
    I click on Next and look for a new partner on chat roulette. It’s over, boys. I don’t even say goodbye to the guys who are convinced of my transexuality. Next. Next. Next. I find a guy who seems to be looking for the same thing as me, a two-way wank to release the tension of the night. We turn each other on, chat a bit and start masturbating. The keyboard is sticky. That’s the thing about cyber sex, you inevitably end up messing up your keyboard. Your hands are working away, but interaction takes place through your hardware and you’re hardly going to be wiping your hands in the urgency of desire. Sometimes I feel like I’m fucking my mac, holding it between my legs that are trembling from the imminent orgasm, with the keyboard impregnated by my wetness. And the truth is, I find it erotic. My mac, always there for me, all mine, a door open to an infinite world of desires through the Internet. My work tool, my leisure tool, my pleasure tool. Technology transformed into fetish.
    I masturbate as I watch the person on my screen wank. I’m turned on by the real time aspect, by the fact that this is happening somewhere on the planet right now, I don’t have a clue where, the important thing is that two people want sex now, and both are turned on by the fact that the other person also wants it right now. And we don’t care who or what the other is, all that matters is the fact that it turns us on to see each other, to see the flesh of the other, the desire of the other. We’ve barely started, but I see the semen spill. That was quick, I say to myself. I go back to the keyboard to ask him about his quick orgasm, but the guy simply passes me by, that is, he clicks on “next” and cuts the connection, that is, he has left me on my own and half-done.
    I get angry.
    It’s exactly the same as in non-virtual reality, the typical guy or girl who comes, then gets up and doesn’t care what point you’re at. Some people are rude and have no manners. Sometimes, things are the same everywhere, whether you’re fucking in the bathroom, in your bed on on chat roulette. As for me, if I come and I see that the other person hasn’t got there yet, I keep my legs open a while, so they can finish. I’ve got manners. Chat roulette is another bed we can get into and fuck, and sex is sex no matter where you are.
    I finish off my interrupted wank with the first person I find and point the web cam at the wall. I probably shouldn’t go on. It’s 4am but I’m still not sleepy. It’s hard to leave chat roulette. I admit I’m hooked. I connect every day, in the morning, at night and during the day any chance I get. I feel like connecting right now as I write this text. Yesterday I was late to an appointment with my publisher because I had 20 minutes to kill before setting out, and I took the opportunity to log in. And of course, I came across a charming guy from Lisbon and I had to strip naked with him and wank and come and get dressed again and wash my face and get rid of the dumb expression I get after I orgasm and go out on the street and into the real world. Because these worlds are other worlds, and even though these people exist and wank and come like I do, in some sense they belong to my fantasy, they only exist within my desire and once my desire has been satiated and I have gone through the polite rituals I think are appropriate, I turn off my computer and I am alone. Alone.
    I find it frightening, this hygienic, safe sex that online sex entails. There are no risks, I can’t get pregnant, I can’t catch an STD, there are no mindfucks. I turn the screen off whenever I want, and that’s it, I’m in the silence of my bedroom, in the solitude of my world, in the other reality, the one this side of the keyboard.
    I go on. I go on and I find an older man who I like the look of, so I stay. The man wants a close-up of my cunt and I give it to him, I’m very obliging on chat roulette, I’m a submissive at heart. But suddenly the image shifts, the man´s webcam is moving and I wonder where he is going. “Look, I am touching your pussy”. And I watch his finger stroking the image of my open cunt on his computer screen, because he has turned his web cam around and is aiming it at his own screen. What an overlap of layers of reality, I think to myself. And I laugh.
    Next.
    The next one is wearing a skull mask. It turns me on to symbolically fuck death. “Nice mask”, I say. “Show me your pussy”, he answers. I come breezily and go to sleep, because it’s 5am and I’m satisfied.

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