El porno que nos merecemos

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    Artículo publicado el 18 de noviembre de 2012 en Diario Kafka, eldiario.es

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    “Vuelvo de mis vacaciones de mes y medio en el sudeste asiático, bronceada, con los chakras abiertos de par en par y con plena conciencia de mi condición de turista occidental privilegiada, para encontrarme en mi inbox con una proposición que me sorprende: escribir un artículo sobre la pornografía en Occidente. Me sorprende que todavía interese reflexionar sobre la pornografía.

    En una de las cabañas de playas lejanas donde tuve el placer de pernoctar en mi viaje, concretamente en Nagari Sungai Pinang, me encontré con un libro que amablemente había dejado el occidental turista que me precedía. Un libro al que se ha calificado como porno para mamás, best seller porno y demás porno chorradas. Se llama 50 sombras de grey. Me lo leí en dos tardes y ofrecí el ejemplar para la hoguera en la playa del último día. Si se califica un libro como 50 sombras de grey como pornografía en un medio periodístico, el porno ya no tiene sentido. Me explico. 50 Sombras de grey no es pornografía, es una novelita rosa de pésima calidad literaria. Y punto. Pero hoy en día está de moda llamar a cualquier cosa pornografía. Publicar un titular en el periódico con la palabra “porno” en la sección de cultura funciona. Ensayos sobre la experiencia pornográfica ganan premios nacionales. Los centros de arte acogen muestras sobre la relación entre arte y pornografía. La pornografía ya es cultura popular. Las tesis doctorales sobre pornografía se suceden. La pornografía ya no asusta a nadie. Las feministas hacen porno. Tu abuela hace porno.

    Hubo un tiempo en el que el feminismo se rebeló contra la pornografía. Se decía que generaba violencia contra la mujer. Que era sexista y machista y que representaba a las mujeres como objetos sexuales. Ojalá. Ojalá la culpa fuera del porno y erradicándolo acabáramos con una sociedad sexista. Sería tan sencillo.

    El feminismo adoptó el lema punk de “hazlo tú mismo”. Decidió que si no te gusta el porno que ves, ábrete de piernas y haz tu propio porno. Feminismo pro-sex, movimiento postporno, pornografía feminista, porno hecho por mujeres. Las políticas feministas más radicales y los posicionamientos anticapitalistas empezaron a producir material sexualmente explícito que ha tenido una gran aceptación en el mundo del arte y la cultura. Y entonces la industria del porno se inventó el porno para mujeres, que viene a ser algo similar a la literatura para mujeres, es decir, un sin sentido. Material pornográfico en el que se vende una sexualidad femenina estereotipada y ridícula, una sexualidad en la que la iluminación es suave y ellas llevan ropa de marca.

    Afortunadamente también hay buen porno dentro del mainstream. Como dice Lydia Lunch en el documental Mutantes. Feminismo porno punk de Virginie Despentes, si vas a una tienda de música y escoges cualquier cosa al azar, probablemente sea una mierda. Con el porno pasa lo mismo, hay que conocer y saber elegir. Porque la pornografía es un reflejo de nuestra sociedad sexuada. Todas nuestras miserias se ven reflejadas en ella. Vivimos en un mundo en el que la violencia contra la mujer es asumida como parte de nuestro día a día. Esto es Occidente. Y no hay nada mejor ahí fuera. Por eso me sorprendo cuando descubro sociedades como los Mosuo, una sociedad matriarcal que cuenta con 56.000 personas y que se encuentra entre las provincias de Yunnan y Sichuan, en el sudoeste de China.

    En la sociedad Mosuo, a las mujeres se les construye un cuarto propio cuando cumplen los 13 o 14 años. Ese cuarto tendrá una puerta al interior de la casa y otra al exterior. Durante la noche, ella puede invitar a quien quiera a compartir su lecho. La única condición es que su amante se vaya al alba. Puede tener el mismo amante durante años o puede cambiar cada noche. Se considera que esta es su intimidad. Los hijos que pudiera concebir durante su vida serán criados en la casa familiar. No existe el matrimonio. No existe la paternidad tal y como la conocemos. Los hombres ejercen de padres de los hijos de sus hermanas. La paternidad biológica no es relevante. La palabra utilizada para denominar al padre y al tío es la misma.

    Lo que me llama la atención poderosamente de este tipo de organización social es la libertad sexual de las mujeres y la libertad sexual de la sociedad en general. Es fácil darse cuenta de la utilidad primaria del matrimonio en Occidente: el control de la sexualidad de la mujer. El hombre puede saber con seguridad quienes son sus hijos biológicos y así legarles su patrimonio. Y es un sistema relativamente reciente. Surgió con la agricultura, la ganadería y, por supuesto, la propiedad privada. Hace apenas unos 10.000 años.

    Yo creo que tener un hijo de padre desconocido supone la acción esencial feminista hoy en día. O más bien la acción esencial feminista sería la paternidad múltiple. Sentir como propios y cuidar de todos los niños de nuestra comunidad. Ejercer de padres en plural.

    Es fundamental que tengamos en cuenta la conexión entre capitalismo salvaje y control de la sexualidad de la mujer. Esta crisis económica en la que nos vemos sumergidos es una consecuencia lógica de un sistema que ha primado la avaricia y el poder sobre la sexualidad placentera y el bienestar de las criaturas. Como dicen Christopher Ryan y Cacilda Jethá en su libro En el principio era el sexo (publicado por Paidós recientemente), es nuestra condición fuertemente sexuada lo que nos hace humanos. El resto de los animales, o la gran mayoría, follan cuando están en celo, con fines reproductivos. Y cuanto más abundante y múltiple es la vida sexual de una especie, más armoniosa y pacífica es su convivencia. Se nos ha vendido el matrimonio y la monogamia sexual como nuestro estado natural, cuando es el estado natural del capitalismo.

    La brillante teórica española Casila Rodrigáñez va más allá, señalando como problema fundamental la represión del deseo materno y el estado de sumisión inconsciente al que nos lleva. El embarazo, el parto y la crianza son estadios sexuales de la mujer. Hay mujeres que viven partos orgásmicos, sí, que se corren al parir. Mientras el resto de nosotras se retuerce de dolor. Aquí hay algo que no funciona. Que no tiene sentido. Aquí hay algo por lo que merece la pena luchar.

    Vayamos a la raíz del asunto, que no están difícil. Mientras nos aporrean en Neptuno y donde haga falta, somos capaces de reconocer la violencia del estado y no lo somos tanto para identificar la violencia que se ejerce hacia la mujer y consecuentemente hacia nuestra sociedad. Vengo de Sumatra, en Indonesia. He conocido una sociedad matriarcal de unos cuatro millones de habitantes, los Minangkabau, en la que la violencia hacia la mujer es sencillamente inadmisible. Me daba vergüenza hablar de la realidad de mi país. En mi país a las mujeres les pegan y las violan. Las mujeres y sus hijos son asesinadas por sus parejas. Bienvenido a Occidente.

    A mí no me preocupa que la pornografía mainstream sea sexista. Me parece lógico. Tenemos el porno que nos merecemos. Antes yo era una chica más optimista, pensaba que creando otro tipo de imaginario sexual, podríamos cambiar el mundo. Pero tenemos que identificar la crisis real a la que nos enfrentamos. Uno de los cargos políticos más importantes del país es, o al menos lo fue, un gran aficionado al sexo anal con los miembros de su propio género, pero se vio obligado a casarse y tener hijos para poder continuar con la carrera política que le ha llevado a donde está. Y que nos ha llevado a todos a donde estamos. Esta organización social que vivimos en Occidente y que hemos exportado tan eficazmente al resto del mundo, está basada en la represión de nuestra sexualidad y en la acumulación de bienes materiales a toda costa. El dinero no da la felicidad, dicen, pero ayuda si formas parte de una sociedad capitalista.

    La felicidad es vivir en una sociedad en la que podamos colmar todas nuestras necesidades sexuales y afectivas, en la que se prime el bienestar de las criaturas, en la que la acumulación indiscriminada de bienes no sea el fin último. Porque hay para todos. No tengamos miedo. Vivamos en la abundancia. Que la pornografía sea lo que siempre debiera haber sido, un sencillo juego que refleja nuestra sana curiosidad por explorar el sexo.”

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    The porn we deserve

    Article published on November 18th 2012, diario Kafka, eldiario.es
    Translated by Natividad Mateos Lucero.
    “I came back from my one month and a half vacation in Southeast Asia, tanned, with my chakras wide open and full aware of my Western tourist privileged condition, to find in my inbox a proposal that surprises me: write an article on pornography in the West. Still wanting to reflect on pornography amazes me.
    In one of the distant beaches cabins where I had the pleasure of staying in my journey, specifically in Nagari Sungai Pinang, I came across a book a western tourist who preceded me kindly left. A book described as porn for moms, best porn seller and other porn nonsense. It is called 50 Shades of Grey. I read it in two evenings and offered the copy for the last day bonfire on the beach. If a book as 50 Shades of Grey is qualified as pornography in a journalistic environment, porn no longer makes sense. What I mean is 50 Shades of Grey is not pornography. It’s a romantic novel of a very poor quality. Period. But today it is fashionable to name anything as pornography. To publish a headline in the newspaper culture section with the word “porn” works. Essays on the pornographic experience earn national awards. Art venues welcome exhibitions on the relationship between art and pornography. Pornography is already popular culture. Doctoral thesis on pornography comes and goes. Pornography does not frighten anyone anymore. Feminists do porn. Your grandmother does porn.
    There was a time when feminism rebelled against pornography. It was claimed that it generated violence against women. It was sexist and chauvinistic and represented women as sex objects. If only. Wishing porn is to blame and eradicating it we could end up with a sexist society. It would be so easy.
    Feminism adopted the punk motto of “do it yourself”. Feminism decided that if you don’t like the porn you see, open your legs and do your own porn. Positive-Feminism, post-porn movement, feminist porn, porn made by women. Most radical feminist politics and anti-capitalist positions began to produce sexually explicit material that has been widely accepted in the world of art and culture. Then porn industry invented porn for women, creating something similar to women literature, meaningless. Pornographic material which sells a stereotyped and ridiculous female sexuality, sexuality in which lighting is soft and they wear designer clothes.
    Fortunately there is good porn within the mainstream as Lydia Lunch states in the documentary Mutants. Or Virginie Despentes punk porn feminism: if you go to a music store and choose anything random, it’d probably be shit. The same thing happens with porn, we need to get to know it and learn how to choose since pornography is a reflection of our sexual society. All our miseries are reflected in it. We live in a world in which violence against women is encompassed as part of our day to day. This is the West. And there’s nothing better out there. That is why I am surprised when I find out about societies such as the Mosuo, a matriarchal society with a population of 56,000 people located between the provinces of Yunnan and Sichuan, in Southwest China.
    They built women their own room when they are 13 or 14 years old in the Mosuo society. That room will have a door to the interior of the house and another one to the exterior. At night, she can invite anyone to share her bed. The only condition is that her lover will leave at dawn. She can have the same lover for years or she can change every night. It is considered her intimacy. Children who could be conceived during her lifetime will be raised in the family home. There is no marriage. There is no paternity as we currently know. Men act as fathers to their sisters’ children. The biological paternity is not relevant. The word used to refer to the father and uncle is the same.
    What strikes me powerfully of this type of social organization is women sexual freedom and society sexual freedom in general. It is easy to observe the primary utility of the marriage in the West: control of women’s sexuality. The man can know for sure who are his biological children and thus bequeath them their heritage. And it is a relatively recent system. It came up with agriculture, livestock and, of course, private property. Just about 10,000 years ago.
    I think having a child of unknown father is the essential feminist action today. Or the essential feminist action would rather be multiple paternities. Feeling children as our own and taking care of all of them in our community. Be parents in plural.
    It is vital we take into account the connection between unbridled capitalism and control of women’s sexuality. This economic crisis in which we are immersed is a logical consequence of a system where greed and power have prevailed over pleasant sexuality and well-being of creatures. As Christopher Ryan and Cacilda Jethá remark in their book Sex at dawn (recently published by Paidós), it is our strongly sexed condition what makes us human. The rest of the animals, or the vast majority, fuck when they are in heat, with reproductive aims. And the more abundant and multiple is the sex life of a species, more harmonious and peaceful is its coexistence. Marriage and sexual monogamy has been sold to us as our natural state, when it is the natural state of capitalism.
    The bright Spanish theorist Casilda Rodrigáñez goes beyond, pointing out as fundamental problem the repression of maternal desire and the unconscious submission status to which it leads us. Pregnancy, childbirth, and parenting are sexual stages of women. There are women who live orgasmic births, yes, they come giving birth. While the rest of us writhes in pain. There is something here that is not working. That it makes no sense. There is something that is worth fighting.
    Let’s go straight to the root of the matter, which is not as difficult. While they hit us in Neptune and where it is needed, we are able to recognize state violence and we are not so much to identify violence exerted towards women and as a result towards our society. I came back from Sumatra, in Indonesia. I’ve met the Minangkabau, a matriarchal society with a population of four million inhabitants in which violence against women is simply unacceptable. I was ashamed to talk about the reality of my country. In my country women are beaten and violated. Women and children are killed by their partners. Welcome to the West.
    I am not concerned if mainstream pornography is sexist. It seems logical to me. We have the porn that we deserve. Before I was a more optimistic girl, I thought that creating another type of sexual imaginary, we could change the world. But we have to identify the real crisis we are facing. One of the most important political higher-ups of the country is, or at least was, a big fan of anal sex with members of their own gender, but was forced to marry and have children to continue with his political career that has taken him to where he is. And that has led us all to where we are. This social organization we live in the West and that have so effectively exported to the rest of the world, is based on the repression of our sexuality and the accumulation of material goods at all costs. The money does not give happiness, they say, but it helps if you are part of a capitalist society.
    Happiness is to live in a society in which we can fill our sexual and emotional needs, where primes the well-being of creatures, in which indiscriminate accumulation of goods is not the ultimate goal. Because there’s for everyone. Let’s not be afraid. Let’s live in abundance. Let pornography be what it always should have been, a simple game that reflects our healthy curiosity to explore sex.”

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    ARTE, Prensa, Textos, Txt