El embarazo como el mega estadio sexual de los cuerpos

    About This Project

    Texto (777 palabras)
    Barcelona
    2010

    La práctica ginecológica actual trata a la mujer como un mero recipiente que aloja el feto en gestación. La mujer es infantilizada y se le niega el derecho a vivir su embarazo de forma plena, es decir, se le niega el estadio sexual en el que se encuentra. El embarazo es una fase crucial en la sexualidad femenina, y como tal debe ser tratado. Una amplia mayoría de las mujeres que han estado embarazadas afirman que su deseo sexual durante esta época se potenció hasta niveles que nunca antes habían experimentado.
    Existen mujeres que han tenido orgasmos durante el parto y mujeres que se corren mientras dan de mamar. El embarazo, el parto y la crianza son estadios sexuales. Negarlos supone una pérdida de nuestro potencial sexual. La ginecología actual y la sociedad en la que vivimos niega de forma rotunda la sexualidad de la mujer, reduce esta al coito con fin reproductivo, ya que cuando queda embarazada, se considera que su sexualidad ya no es importante ni pertinente.
    Las relaciones sexuales son prohibidas por los ginecólogos de forma sistemática en el embarazo al menor contratiempo, obviándose que la mayoría de las mujeres sienten unos fuertes deseos de mantener relaciones sexuales durante este estadio. Al mismo tiempo, no existen pruebas científicas que demuestren que sea negativo para la gestación mantener relaciones sexuales. Sólo la penetración genital profunda puede afectar al cuello del útero y consecuentemente causar problemas, pero tampoco está probado que una penetración dentro de los límites de la lógica, sin dolor ni violencia, pueda ser problemático.
    Prácticas sexuales como el fisting, en el que se introduce el puño en la vagina o ano, serían de gran ayuda para potenciar la dilatación del canal vaginal y tener así un parto más fácil y rápido. Los ginecólogos deberían recomendar estas prácticas en vez de reprimir la sexualidad de la mujer. Es el orden patriarcal ginecológico el que se interpone entre las mujeres y sus orgasmos.
    La activista canadiense Nicole Pino imparte talleres sobre partos orgásmicos en los que explica (a través de su propia experiencia) como con las condiciones adecuadas es posible tener no ya un orgasmo al dar a luz, si no un mega orgasmo, el orgasmo de tu vida. Como nos dice Casilda Rodrigáñez en sus libros La Represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente, El Asalto al Hades y La Sexualidad y el funcionamiento de la dominación, un parto puede compararse a un polvo. Un polvo con miedo, con ignorancia sobre tu cuerpo, con pautas impuestas a través de la violencia patriarcal, puede ser una violación y puede consecuentemente ser una experiencia en extremo dolorosa y desagradable. Sin embargo un polvo como tú quieres y con quien tú quieres, puede ser una experiencia de placer extremo. Ambas son polvos, pero no tienen nada que ver, uno es el placer y otro es el dolor. Con los partos estaríamos hablando de lo mismo. Hay dos tipos de partos, los dolorosos y los placenteros. Todo depende de las circunstancias.
    Desvinculamos el embarazo, el parto y la crianza de nuestra sexualidad, como si estas fueran meras funciones mecánicas que nuestros cuerpos realizan como quien hace la digestión, ajenas al placer sexual.
    La teórica Catherine Blackledge en su libro Historia de la Vagina nos habla de como el orgasmo tiene una función específica en la sexualidad de la mujer además de proporcionar placer: facilitar la fecundación. Mediante las contracciones que se producen en el útero, en la vagina y en el ano, el esperma es sacudido y absorbido para que pueda entrar a través de la cérvix en el útero y fecundar el óvulo.
    También nos habla de Aecio de Amida, el médico del emperador bizantino Justiniano, quien señalaba que el temblor del útero durante el coito era un signo inequívoco de embarazo. Cuando me quedé embarazada, lo supe al instante. Sentí un temblor en el útero que me causaba un pacer intenso y desconocido hasta el momento. Y no necesitaba haber leído a Blackledge para saber que algo estaba pasando ahí dentro. La ginecología actual obvia que la mujer pueda saber el momento en el que se ha quedado embarazada.
    Todos nuestros problemas en torno a nuestros orgasmos, nuestros partos, en suma en torno a nuestro placer y nuestros cuerpos, vienen de la ignorancia a la que somos condenadas en relación a nuestro potencial sexual. Es una violación sistemática de nuestros cuerpos legitimada por el orden hetero patriarcal.

    ///

    Pregnancy as a mega sexual state of bodies

    Paper (750 words)
    Barcelona
    2010
    Today’s gynaecological practice treats the pregnant woman as the mere recipient of a foetus during gestation. It infantilises the woman and denies her the right to fully experience her pregnancy. In other words, it denies the sexual state in which she finds herself. Pregnancy is a crucial stage of female sexuality, and that is how it should be treated. Many women who have been pregnant claim that their sexual desire was boosted to unprecedented levels for them.
    Some women have had orgasms during childbirth, and some women come while they breastfeed. Pregnancy, childbirth and nursing are sexual states. To deny them is to diminish of our sexual potential. Today’s gynaecology and the society that we live in emphatically deny women’s sexuality and reduce it to intercourse for reproductive purposes. Once they are pregnant, women’s sexuality is no longer considered either important or appropriate.
    Gynaecologists systematically forbid women to have sex during pregnancy as soon as the slightest complication arises, totally ignoring the fact that most women feel a strong urge to engage in sexual relations during this stage. But there is no scientific proof that sexual intercourse during pregnancy is harmful. Only deep genital penetration may affect the neck of the uterus and cause problems, but there is no proof that penetration within the bounds of logic for a pregnant woman, without pain or violence, can lead to problems.
    Sexual practices such as fisting, in which a fist is inserted into the vagina or anus, could actually be of great help by favouring dilation of the vaginal canal and thus a quicker and easier labour. Gynaecologists should recommend these practices rather than repressing women’s sexuality. The patriarchal gynaecological order is what stands between women and their orgasms.
    Canadian activist Nicole Pino imparts workshops on orgasmic birth, in which she uses her own experience to explain that – given the appropriate conditions – it is not only possible to have an orgasm as you give birth, but to have a super mega orgasm. The orgasm of your dreams. As Casilda Rodrigáñez tells us in her books La Represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente (The Repression of Motherly Desire and the Genesis of the State of Unconscious Submission), El Asalto al Hades (Attack on Hades) and La Sexualidad y el funcionamiento de la dominación (Sexuality and the Dynamics of Domination), giving birth can be compared to a fuck. If you fuck with fear, with ignorance about your body, and with rules imposed through patriarchal violence, it can be rape, and it can be an extremely painful and unpleasant experience. But if you fuck the way you want, with who you want, it can be extremely pleasurable. In both cases it is a fuck, but the two are totally different. One is pleasure, the other is pain. The same goes for childbirth. There are two kinds of labour – painful, and pleasurable. It all depends on the circumstances.
    We dissociate pregnancy, childbirth and nursing from our sexuality, as if they were mere functions that our bodies carry out mechanically, without any relation to sexual pleasure, like digestion.
    In her book on cultural and historical aspects of the vagina, The Story of V, Catherine Blackledge talks about the specific role of orgasms in women’s sexuality: aside from providing pleasure, they favour conception. The contractions in the uterus, the vagina and the anus cause the sperm to be shaken and absorbed so that it can enter the uterus through the cervix and fertilise the egg.
    She also writes about Aëtius of Amida, physician to the Byzantine emperor Justinian I, who claimed that the twitching of the uterus during intercourse was a sure sign of pregnancy. The very moment I got pregnant, I knew. I felt a quiver in my uterus that triggered an intense and totally new pleasure. I didn’t need to have read Blackledge to know that something was going on in there. Today’s gynaecology does not accept that a woman can know the instant she has gotten pregnant.
    All our problems in relation to our orgasms, our labour – in short, in relation to our pleasure and our bodies –, stem from the ignorance that has been forced on us in relation to our sexual potential. It is a systematic violation of our bodies, legitimised by the hetero-patriarchal order.

    Category
    Performances, Txt