Maternidades subversivas

28 Ene La prensa del día

Me compro El País en el Sainsbury. Es la primera vez que leo un periódico español off line desde que salimos de Barcelona en diciembre. Hay un artículo sobre criaturas secuestradas en los hospitales en los años 60, 70 y 80. Leo los testimonios de esas mujeres que relatan como los médicos las durmieron después de parir para decirles luego que el bebé había muerto. Me da mucha rabia esa confianza ciega de las mujeres en los médicos y en los centros hospitalarios.

¡Y en la iglesia! ¡Que se lo cuenten a mi madre!

Aunque suele ser el primero. Muchas mujeres paren de malas maneras en el hospital y sus siguientes partos los tienen en casa o en centros alternativos. Uno y no más, Santo Tomás. En Inglaterra hay una línea de teléfono de ayuda a mujeres que han sufrido partos traumáticos. Por el nefasto trato hospitalario recibido y por la falta de entendimiento de su círculo familar y afectivo.
Se llama Birth Crisis Network.

Uno de los padres “adoptivos” le dijo a su hijo en su lecho de muerte que le había comprado a un cura por 150.000 pesetas. Mi abuela ha revelado alguna joya también alguna vez. Ante la pregunta de por qué cuentas esto ahora abuela, ella respondía: porque no me lo puedo llevar a la tumba. Las mentiras. Como pesan.

Otro artículo de la prensa del día, esta vez del Daily Mail, portada: Dont´t wait too long. Por lo visto a partir de los 35 años tienes muchas más posibilidades de tener problemas con la maternidad: infertilidad, abortos, cesáreas, enfermedades, etc, etc. Don´t wait too long. Me viene a la cabeza la madre de una amiga que nos decía que no tuvieramos hijos, que esperásemos, que viviésemos.

Yo le decía a Lazlo ayer en la cafetería de la Tate Modern: Estar embarazada no es estar enferma. Es estar en un viaje hormonal comparable al de una droga psicodélica dura.

11 Ene I’m a fountain of blood In the shape of a girl

Ya manda ovarios. Que se te adelante tu primera regla después de un aborto espontáneo tiene su aquel. Me resulta más rápido contar los días que no he sangrado durante el último mes que los que sí lo he hecho. Y sigo. Y voy por el segundo. I´m a fountain of blood in the shape of a woman. Este tema de Bjork me viene a la cabeza una y otra vez mientras sangro. Y señores, yo sangro mucho. Soy una experta. Se me va la vida por la vagina. No sé como me llega la suficiente sangre a la cabeza para escribir este post.

sangreynieve

23 Dic Primavera

Me quedé embarazada en verano, en la playa, a la luz del día. Recuerdo las olas, el sol en la cara, la sal. Recuerdo a los gays mirando, en plan voyeur, porque era una playa nudista y también punto de encuentro gay para relaciones sexuales casuales. Cruising, vaya. Recuerdo que era el principio del verano, la promesa del calor, de las vacaciones, del mar.

Dani llevaba una anillo muy bonito, que se compró en un lugar perdido en el centro de África. Mientras nadábamos, se le cayó. Pero buceó en el agua y lo encontró. El mar le dijo que le devolvía su anillo, pero que a cambio le tenía que dar un hijo. Dani no me dijo nada. Pero media hora más tarde estábamos en la orilla jugando con las olas y me quedé embarazada.

Lo supe enseguida, porque cuando me eché sobre la arena sentí que mi útero se retorcía de placer, era como si tuviera una serpiente dentro de mí. Esa noche leímos en el libro Historia de la Vagina, de Catherine Blackledge, que Aecio de Amida, el médico del emperador bizantino Justiniano, decía que el temblor del útero durante el coito era un signo inequívoco de embarazo.

Me pasé las siguientes semanas durmiendo como un ángel, haciendo el amor como una diosa y viendo como mi cuerpo se transformaba en una máquina de placer y sensualidad. Descubrí lo maravilloso que puede ser estar embarazada. Nunca me encontré mal, ni sentí naúseas. Con una excepción. Cuando por la mañana le hacía a Dani una felación y me tragaba su semen, me entraban ganas de vomitar. Así que dejé de hacerlo y el mundo siguió siendo maravilloso.

Pero el paraíso no duró mucho. Empecé a tener pérdidas de sangre y cometí el terrible error de consultar a un ginecólogo. Este se encargó de llenarme de culpa y de progesterona, que hacía que me sintiera irritable, nerviosa y depresiva. También me prohibió las relaciones sexuales.

He tenido ahora la oportunidad de contrastar las voces de distintos médicos, y por lo visto recetar progesterona tiene poco sentido, a parte de volverte loca. Tampoco tiene mucho sentido prohibir el sexo. La conclusión final es que no importa lo mucho que trabajes, hagas el amor o saltes montañas, un aborto no es culpa tuya.

Y aunque un aborto pueda suceder justo después de hacer el amor, eso no quiere decir que esta sea su causa. Además, cuando abortas de forma espontánea, el embrión suele llevar entre una y cuatro semanas muerto dentro de ti.

Me volví a quedar embarazada en otoño, pero esta vez en una bañera, y de noche. Este embarazo tampoco fue buscado. Digamos que el agua nos confunde y que la naturaleza está bien dispuesta para la concepción. Bien dispuesta para la concepción pero poco dispuesta para gestar a esas criaturas, que se deslizan fuera de mi cuerpo sin que yo pueda hacer nada por evitarlo. Este segundo embarazo ha sido más duro y menos placentero, he trabajado mucho, he discutido mucho, me he cambiado de ciudad y he pasado frío.

Y esta vez he abortado en un hotel del centro de Londres. En invierno. Ha sido mi segundo aborto y ha sido doloroso y difícil. En las ciudades a veces las cosas son más difíciles.

Mi primer aborto fue en Benicàssim. Yo ya sabía que el embrión había muerto, así que le pedí a Dani que me llevara a la playa nudista más bonita y más cercana. Costó encontrar un espacio tranquilo, en pleno mes de agosto, pero lo conseguimos. Y allí me puse en cuclillas y empujé. Lo pusimos en una concha y se lo devolvimos al mar. Nadamos y reímos bajo el sol, en el agua azul y fresca de agosto. Entonces Dani se dio cuenta de que ya no tenía el anillo en su dedo. El mar se lo había quedado.

17 Dic Abortar en Londres

Se lo recomiendo a cualquiera.

Hace un par de días empecé a sentir una ligera molestia en el abdomen y a sangrar levemente, e intuí que estaba por comenzar el aborto. De alguna forma lo sabes. Hay un momento en el que alguien pone su mano en tu barriga y tú no notas nada. Y de alguna forma, inexplicable hasta para ti misma, lo sabes. Así que aquí estaba yo, en un hotel del centro de Londres, llamando a recepción a las 4 de la mañana para que me subieran papel higiénico retorciéndome de dolor. Nada que ver con mi idílico aborto de este verano: en una playa nudista, rodeada de mis amigos, en cuclillas delante del mar, como un animal salvaje.

Cuando pasaron 48 horas y el trabajo había llegado a su término, me dirigí a un centro médico para comprobar que todo estaba bien, como es ya la costumbre en la casa. ¡Qué tratamiento exquisito! ¡Qué respeto hacia mi cuerpo y hacia mi criterio! ¡Qué profesionalidad bien entendida! Todas mis alabanzas hacia el sistema ginecológico británico.

O tal vez simplemente tuve suerte. Aunque después de mis numerosas experiencias en España, creo que tal privilegio como la suerte no existe cuando hablamos de respeto hacia la persona por parte de la práctica ginecológica. Yo les explico. Al principio me sorprendió que la ginecóloga me pidiera permiso para meterme el estetoscopio y así poder hacerme la ecografía. Me explicó que no era obligatorio y que había otras formas de hacerlo.

Le pregunté por protocolos de actuación en caso de aborto espontáneo y me explicó que en cada caso se intentaba proceder de la forma que se ajustará más a los deseos de la mujer.

A raiz del mareo producido por la enorme pérdida de sangre, creí que estaba soñando. Me explicó que hay mujeres que lo hacen muy bien solas, como yo. Que otras prefieren ser hospitalizadas y que se les realice una intervención con anestesia local o general. Que cada mujer tenía unas necesidades. Y que ellos estaban ahí para ayudar.

Así que eso es lo que hicieron. Me sacaron sangre para ver como estaba de hierro, porque había perdido mucha. Me ayudaron a sacar los últimos coágulos de una forma muy sencilla, con una enfermera estupenda, negra y guapísima que me gritaba que empujara mientras me guiñaba un ojo y me presionaba suavemente sobre el útero.

Abortar en esta ciudad es estupendo.

Por lo demás, odio Londres.

P.S. El hospital donde me trataron es el st Mary´s hospital, y creo que es el mismo donde Candy Candy estudió enfermería. En el cómic, por supuesto, no en la serie televisiva que era un horror lacrimógeno y edulcorado. Yo me lo compraba cada semana, y un buen día, dejó de publicarse. Por lo visto la editorial quebró. No recuerdo congoja más profunda ni dolor más desesperado en mi infancia. Ese cómic era todo para mí. Muchos años más tarde conseguí on line y en inglés, el cómic al completo. Y allí leí que Candy se había hecho enfermera en el St Mary´s Hospital. Pero eso es otra historia.

temeo

25 Nov El señor Llopis en la sala de partos

Esta viñeta forma parte del último (o penúltimo) ejemplar del Temeo, una publicación mensual de cómic underground que es considerada lo mejor de lo mejor en Spain. Yo no sé cómo interpretarlo. Me parece que la alusión a mi trabajo es demasiado clara como para obviarla, así que me daré por aludida.

Y la verdad es que me encanta. ¡Vivan las paternidades subversivas!

Gracias Post Op por dar el toque!

20 Nov Los abortos y los 3 meses

Las buenas costumbres nos dicen que un embarazo se anuncia a los tres meses. Pura lógica matemática, a partir de ese momento tienes muchas más posibilidades de tirar el embarazo adelante. Un altísimo número de embarazos (entre un 30% y un 50%, depende del científico estadista de turno) acaba en aborto espontáneo antes de los famosos tres meses. Y este dato, sorprendentemente, se desconoce. Eso sí, cuando tienes tu primer aborto, entonces las mujeres empiezan a hablar. Has de sufrir un aborto en propia carne para que tu madre te confiese que ella también tuvo un aborto antes de engendrarte. Vecinas, la mujer de tu electricista, colegas de colegas, ¿qué mujer no ha sufrido un aborto espontáneo? Pero es una realidad silenciada. Y no hablar del embarazo hasta pasados esos tres meses es parte de esa pantomima.

Silenciar ese hecho contribuye a crear una falsa realidad: que quedarse embarazada equivale a tirar un embarazo adelante. No. Tal vez si fuéramos capaces de hablar de nuestro estado sin pudores a nuestros amigos y personas cercanas, las cosas cambiarían. Considero que el aborto espontáneo es un trauma impuesto. Estoy embarazada, pero si aborto, será porque así lo quiso mi cuerpo, no todo en la vida puede controlarse. Mientras tanto las clínicas de fertilidad ingresan fortunas a costa de nuestras ganas de controlarlo todo…

Mi objetivo a corto plazo es poder hablar con la misma naturalidad de mi embarazo de 6 semanas que de mi aborto a la semana 8. Sin vergüenzas ni traumas impuestos, aceptando la realidad de nuestros cuerpos, que sangran y se hinchan y se deshinchan orquestados por un ejercito de hormonas.

preganantmadison

24 Oct Sobre la sexualidad durante el embarazo

Con todos ustedes, Madison Young. Tiene una peli sobre la sexualidad de las mujeres preñadas que quiero ver, en cuanto junto cuatro duros, me la pillo. Y otra con muy buen pinta sobre la masculinidad: Men redifining sexuality.
Estará el próximo fin de semana en el Porn Film Festival Belin, para los afortunados que estén en la ciudad, no se la pierdan. yo vi un corto de ella en el Porn Film Fesival Paris en junio en el que ella misma se hacía todo tipo de perrerías SM delante de la cámara. Fantástico verla azotándose, quemándose, atándose y follándose. Ella solita.

16 Oct El embarazo como un mega estadio sexual de los cuerpos

La práctica ginecológica actual trata a la mujer como un mero recipiente que aloja el feto en gestación. La mujer es infantilizada y se le niega el derecho a vivir su embarazo de forma plena, es decir, se le niega el estadio sexual en el que se encuentra. El embarazo es una fase crucial en la sexualidad femenina, y como tal debe ser tratado. Una amplia mayoría de las mujeres que han estado embarazadas afirman que su deseo sexual durante esta época se potenció hasta niveles que nunca antes habían experimentado.

Existen mujeres que han tenido orgasmos durante el parto y mujeres que se corren mientras dan de mamar. El embarazo, el parto y la crianza son estadios sexuales. Negarlos supone una pérdida de nuestro potencial sexual. La ginecología actual y la sociedad en la que vivimos niega de forma rotunda la sexualidad de la mujer, reduce esta al coito con fin reproductivo, ya que cuando queda embarazada, se considera que su sexualidad ya no es importante ni pertinente.

Las relaciones sexuales son prohibidas por los ginecólogos de forma sistemática en el embarazo al menor contratiempo, obviándose que la mayoría de las mujeres sienten unos fuertes deseos de mantener relaciones sexuales durante este estadio. Al mismo tiempo, no existen pruebas científicas que demuestren que sea negativo para la gestación mantener relaciones sexuales. Sólo la penetración genital profunda puede afectar al cuello del útero y consecuentemente causar problemas, pero tampoco está probado que una penetración dentro de los límites de la lógica, sin dolor ni violencia, pueda ser problemático.

Prácticas sexuales como el fisting, en el que se introduce el puño en la vagina o ano, serían de gran ayuda para potenciar la dilatación del canal vaginal y tener así un parto más fácil y rápido. Los ginecólogos deberían recomendar estas prácticas en vez de reprimir la sexualidad de la mujer. Es el orden patriarcal ginecológico el que se interpone entre las mujeres y sus orgasmos.

La activista canadiense Nicole Pino imparte talleres sobre partos orgásmicos en los que explica (a través de su propia experiencia) como con las condiciones adecuadas es posible tener no ya un orgasmo al dar a luz, si no un mega orgasmo, el orgasmo de tu vida. Como nos dice Casilda Rodrigáñez en sus libros La Represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente, El Asalto al Hades y La Sexualidad y el funcionamiento de la dominación, un parto puede compararse a un polvo. Un polvo con miedo, con ignorancia sobre tu cuerpo, con pautas impuestas a través de la violencia patriarcal, puede ser una violación y puede consecuentemente ser una experiencia en extremo dolorosa y desagradable. Sin embargo un polvo como tú quieres y con quien tú quieres, puede ser una experiencia de placer extremo. Ambas son polvos, pero no tienen nada que ver, uno es el placer y otro es el dolor. Con los partos estaríamos hablando de lo mismo. Hay dos tipos de partos, los dolorosos y los placenteros. Todo depende de las circunstancias.

Desvinculamos el embarazo, el parto y la crianza de nuestra sexualidad, como si estas fueran meras funciones mecánicas que nuestros cuerpos realizan como quien hace la digestión, ajenas al placer sexual.

La teórica Catherine Blackledge en su libro Historia de la Vagina nos habla de como el orgasmo tiene una función específica en la sexualidad de la mujer además de proporcionar placer: facilitar la fecundación. Mediante las contracciones que se producen en el útero, en la vagina y en el ano, el esperma es sacudido y absorbido para que pueda entrar a través de la cérvix en el útero y fecundar el óvulo.

También nos habla de Aecio de Amida, el médico del emperador bizantino Justiniano, quien señalaba que el temblor del útero durante el coito era un signo inequívoco de embarazo. Cuando me quedé embarazada, lo supe al instante. Sentí un temblor en el útero que me causaba un pacer intenso y desconocido hasta el momento. Y no necesitaba haber leído a Blackledge para saber que algo estaba pasando ahí dentro. La ginecología actual obvia que la mujer pueda saber el momento en el que se ha quedado embarazada.

Todos nuestros problemas en torno a nuestros orgasmos, nuestros partos, en suma en torno a nuestro placer y nuestros cuerpos, vienen de la ignorancia a la que somos condenadas en relación a nuestro potencial sexual. Es una violación sistemática de nuestros cuerpos legitimada por el orden hetero patriarcal.

17 Ago Sobre los traumas que nos imponen

Trauma, trauma, trauma. Es lo único que leo en relación al aborto espontáneo. Cuando sucede en aproximadamente un 50% de los embarazos. Pero se mantiene bien oculto, no se habla del embarazo hasta que han pasado los primeros tres meses de gestación y por lo tanto ya no hay riesgo de aborto espontáneo. La hipocresía de esta mierda de sociedad, convirtiendo en tabú lo que es pura fisiología.

Yo no lo he sentido traumático. Traumático es un accidente o una muerte inesperada, pero lo que yo he sentido es tristeza, simple y llanamente tristeza. Pero tristeza de la buena, de la que da gusto, la de las lágrimas dulces y las despedidas tiernas. Y no lo siento traumático sencillamente porque no lo ha sido, porque se sentía bien, eso era lo que mi cuerpo tenía que hacer, así es como mi cuerpo ha reaccionado. Lo único traumático de esta historia ha sido aguantar los intentos de autoinculparte por parte de los ginecólogos, aguantar el desprecio de una disciplina médica que nos trata como retrasadas mentales, que nos infantiliza y que nos culpabiliza.

Vino y se fue. No puedes controlarlo todo en esta vida. Cada uno entra y sale cuando quiere. Y fue un gustazo estar juntos durante estos dos meses. Estar embarazada es un gustazo.

16 Ago Ginecólogo bueno, ginecólogo muerto

Tremendos desgraciados hijos de puta. Les importa una mierda todo, pero sobre todo tú como persona. LLevo dos meses embarazada y 4 días abortando, yo solita sin la ayuda de nadie. Porque como se me ocurra ir a urgencias me pasan la aspiradora y como me despiste, con anestesia general. Cuando mi cuerpo lo está haciendo todo muy bien. Cada día he ido expulsando cositas y ayer hasta expulsé el saco gestacional, que es un trozo de carne como media hamburgesa donde vivía el zigoto. Hoy he hablado por teléfono con una clínica de ginecología para coger hora y han puesto el grito en el cielo por el hecho de que no se me hubiera ocurrido ir a urgencias. Si desde que estoy embarazada los ginecólogos sólo me han dicho burradas. Que si no puedo follar y que si no puedo saltar y todo tipo de tonterías, porque el zigoto murió ya hace días, y si no he abortado antes es porque me dieron una hormona que me puso de un humor de perros y que ha retrasado lo que el cuerpo hubiera hecho muy bien a su debido tiempo.

Por lo pronto, estoy feliz porque me he ahorrado el raspado que me hubieran hecho el primer día, que por lo visto es un proceso muy traumático y doloroso. Me parece que hay una falta de respeto tremenda hacia nuestros cuerpos y más concretamente hacia el cuerpo de la mujer embarazada, al que se trata como si fuera una vaina que debe gestar a toda costa, aun a costa de su propia integridad como persona. Y discútele algo al señor ginecólogo, que te dirá que si lo que quieres es abortar, que tú misma. Tener que aguantar esto por preguntar qué mierda de pastillas me está recetando… Son unos desgraciados. Ninguna de las visitas que he hecho a los ginecólogos a lo largo de estos dos meses me ha servido de nada más que para escuchar barbaridades y ponerme de los nervios. Es un escándalo y propongo desde ya acabar con ellos. Si alguna mujer de las que me lee ha tenido un parto en el hospital, sabe de lo que estoy hablando. ¡Vivan las maternidades disidentes!