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"Corazón Underground" Category


Diccionario de prejuicios (nuevo post de corazón underground)


Sunday, December 6, 2009

Leo en la prensa sobre la publicación de un nuevo diccionario de la lengua castellana. Fantástico. Pero yo sueño con la publicación de un diccionario de prejuicios. Sueño con categorizar y poner orden entre tanto prejuicio descontralado. Sé que habría que ordenarlos por orden alfabético, pero yo empezaría a describirlos de forma aleatoria. Y empezaria con el de las relaciones sentimentales en las que hay una gran diferencia de edad entre las personas.
Hay un prejuicio social clásico y sexista contra las relaciones entre mujeres mayores y hombres jóvenes, que hace la vista gorda e incluso apoya las relaciones a la inversa: hombre mayor + chica joven.

Yo tengo un prejuicio contra las relaciones de hombres mayores y mujeres jóvenes.

¿Qué distingue a un prejuicio de una observación racional? Que el primero se basa en juicios anteriores al hecho a juzgar, y esos juicios pueden estar basados en traumas o hechos no racionales. Bienvenidos al caos.

En mi caso particular se trata de dos obstáculos insalvables (de momento) que impiden una visión por mi parte clara y objetiva del tema: mi madre fue violada por un hombre 30 años mayor que ella hasta que se quedó embarazada de mí. Yo mantuve una relación entre los 16 y los 20 años con un hombre mayor con claros signos de pederastia y psicosis manipulativa. Tenía 12 más que yo. Y a esas tiernas edades se nota. El sujeto en cuestión me prohibía hablar con mis compañeros de colegio, salir de fiesta o quedar con gente de mi edad. O con cualquier persona que no fuera él. Caí en una depresión a su lado que duró años, pero tras años de abusos tanto sexuales como psicológicos conseguí salir. Me llevó un año entero cortar con él. Estaba sóla. Fue determinante que mis padres tuvieran transtornos psíquicos y no pudieran ayudarme. Y que mi abuela, con quien vivía, fuera también una mujer transtornada. Sólo ahora entiendo hasta qué punto, ya que cuando yo le contaba llorando las humillaciones a las que me sometía este individuo, se limitaba a decirme que aguantara, que había que humillarse ante los hombres. Sólo mi hermano intentó llamar la atención sobre lo que me estaba sucediendo, pero claro, el pobre apenas tenía 13 años y nadie le hacía caso.

Todas estas vivencias me dejan un claro prejuicio contra las relaciones con diferencia de edad, pero creo que centrar el prejuicio en un número es limitado. Creo que tal vez no se trata tanto de la diferencia de edad como de la diferencia de poder y de recursos. Cuando hay un fuerte desequilibrio entre las personas se puede caer fácilmente en relaciones de abuso. Y ese desequilibrio puede ser motivado por la diferencia de edad, obviamente, pero también por las diferencias en cuanto a libertades individuales, recursos económicos, posición social, etc.

Y todos esos hombres que vemos en la tele, en la prensa y en la vida, todos esos hombres con poder y éxito profesional que en la cima de sus carreras se lían con mujeres jóvenes, con niñas a veces… ¿Por qué la visión contraria no me repugna, por qué no me repugna una mujer mayor con un hombre joven? ¿Es porque subvierte patrones de comportamiento sexista? Por otra parte, ¿son necesarias las relaciones de maestro-alumno para poder aprender y desarrollarnos en nuestra vida emocional/profesional?

Tal vez sean necesarias, tal vez sea necesario relacionarnos con personas mayores (mujeres, hombres o lo que sea) para aprender y crecer. Y que el hecho de que psicóticos violadores ultilicen esa diferencia de edad para ejercer poder sobre la otra persona no debería hacer que yo tuviera un prejuicio general contra las relaciones con diferencia de edad.

El teléfono de María Llopis


Wednesday, November 11, 2009

Buceando por las estadísticas de mi blog, me sorprendo por un número notable de visitas desde Mala Pecora.

Mala Pecora es el blog de Slavina, una pornógrafa nata que se retiró de la escena barcelonesa durante algún tiempo para parir, criar y amamantar a una pequeña y deliciosa criatura que debe medir ya metro y medio. Yo no sé nada de ninguna de las dos desde hace meses, porque Silvia me borró de su FaceBook antes del verano. De su FaceBook y de su vida, se entiende. Los motivos: le di plantón en Roma. Silvia comisariaba una sección del LadyFest Roma y yo estaba entre las invitadas.

¿Por qué no cogí ese avión? Hay muchos motivos, pero el primero y principal es que un par de días antes una amiga común con la que compartíamos viaje y festival tuvo un ataque psicótico del que yo fui objeto. He vivido cientos de ataques psicóticos en mi vida, mi madre era una mujer esquizofrénica, y sé lo que son, y sé que no quiero más, que ya tuve suficientes, y me da igual todo y todos pero nada puede justificar que yo sirva de carne de cañón otra vez.

Miserias. El caso es que Mala Pecora publica en su blog una entrada solicitando ayuda con el diseño de su plantilla, fascinante tema, por cierto. A cambio ofrece material pornográfico y postpornográfico, conocimientos de final cut, lindezas varias y el teléfono de María Llopis. ¿El teléfono de María Llopis?

Si esta persona fuera mi amiga hubiera pensado que se trataba de un chiste gracioso y me sentiría alagada. Pero esta persona me ha echado de su vida, sin ni siquiera hablar conmigo, así que debe de estar muuuy cabreada. ¿Es esto un insulto? ¿Un intento de acercamiento? Mi hermano dice que me está llamando guarra y punto. Considerémoslo insulto o piropo, tengo mis dudas. En cualquier caso, me pregunto: ¿quién puede tener interés en tener mi número de teléfono?

Aunque la cuestión que realmente me preocupa es la del odio de las mujeres hacia mi persona. Necesito ambas manos para contar a las mujeres con las que he tenido una relación de amistad más o menos cercana y en la actualidad ni me saludan. Este verano me leyeron el árbol de mi Cábala y lo primero que me dijo mi pitonisa particular es que en mi vida habría mucha envidia por parte de las mujeres. Y que ello llevaría al odio. Es raro sentirse odiado. Es tan pasivo. Y tan culpable: ¿qué he hecho mal? Porque los motivos que la razón expone son confusos y nunca tienen mucho sentido. Miserias.

Ódienme, sean bienvenidas.

Aquellos maravillosos ex, nueva sección en Corazón Underground.


Friday, October 23, 2009

aquellosmaravillososex.jpg

Cuando Benji y yo nos conocimos teníamos 20 y 24 años respectivamente. Él acababa de dejar la heroína y yo estaba hecha una punky sin remedio. Habíamos aterrizado los dos en Valencia sin un propósito determinado y un supuesto intercambio de idiomas, castellano-alemán, nos llevó a una relación que duraría varios meses y que me aportaría unos conocimientos muchos más valiosos y preciados que la lengua de Goethe.

Nos volvemos a encontrar 10 años después, en Canadá. En un pueblo perdido en la nada llamado Brockville, a sólo dos horas en tren de Montreal, donde he impartido un taller postporno en un festival de arte. Los azarosos caminos del destino.

Durante estos años hemos estado ocupados. Benji volvió a Suiza, su tierra natal, y a la heroína. Después de varios años trabajando para SwissAir, el 11-9 llevó a la quiebra a la compañía (por la prohibición de volar durante dos días) y se llevó por delante su lucrativo puesto de trabajo en la barra del bar del área VIP. Servía copas y pasaba coca al personal de vuelo.

Varias detenciones después y con un juicio por delante que vaticinaba años de ingreso en prisión, Benji decidió escapar a Canadá y empezar una nueva vida. En Toronto siguió metiéndose su habitual mezcla de heroína y coca, durmió en la calle a 20 grados bajo 0 y estuvo a punto de no contarlo, hasta que un buen día, asustado ante la posibilidad más que real de morir, ingresó en una clínica de rehabilitación en un pequeño pueblo llamado Brockville, desde donde escribo estas líneas. Ahora lleva 5 años limpio, ni drogas duras, ni porros, ni alcohol. Lo único que no ha podido dejar es el tabaco. Tiene su propia casa, su propio jacuzzi, su propia cama de agua y su propia tele de plasma. Y está estudiando ingeniería informática con una beca del estado canadiense. Eso se llama no perder el tiempo.

Yo estoy contenta de tener unas vacaciones libres de drogas, últimamente están demasiado presentes en mi vida. Y hasta el tabaco me supone una carga, sobre todo para mis torturados bronquios, así que decido dejarlo. Benji me lleva hasta Wall-Mart donde compro unos parches de nicotina. Llevo uno pegado en mi brazo en estos momentos.

Tuve mi primer orgasmo con Benji hace ahora 10 años. Le debo mi vida sexual a este hombre. Me comenta que con 30 años ya no tiene la ilimitada capacidad sexual que tenía entonces, cuando nos conocimos. Menos mal, pìenso yo asustada. Benji podía encadenar una erección trás otra: tal como se quitaba un condón después de correrse, se ponía el siguiente. Continuaba hasta que la salida del sol o las obligaciones diarias, que no eran muchas, nos obligaban a salir de la cama. Y así, con tanta práctica, un buen día sentí lo que no había sentido nunca.

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