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El negocio familiar

Las 9 de la mañana. Estoy en un piso de mi abuela, en Castellón, rodeada de basura. Colchones viejos, muebles rotos, electrodomésticos que ya no funcionan. Tengo que alquilarlo en menos de 48 horas, así que he contratado a 3 mozos para que me ayuden en el desalojo. A 60 euros la hora. La empresa se llama Reto y es una asociación contra las drogas, es decir, ex yonkis en fase de rehabilitación. Siempre trabajo con ellos en los pisos de mi abuela. Me gusta su estilo. Siempre tienen historias interesantes que contar.

Uno de ellos se queda abajo con el camión, otro se encarga del ascensor y el tercero está arriba, en el piso, conmigo. Se llama Rafa. Lo sé porque lleva su nombre tatuado en los nudillos. Le sigo por el piso mientras carga los muebles como si fueran nubes de algodón. El diámetro de sus brazos es equiparable al de mis muslos. Bronceado y tatuado de arriba abajo, con una carita de niño bueno que me desconcierta.

Después de solucionar distintos contratiempos relacionados con la anchura de las puertas y el tamaño de los muebles a sacar, me decido a hablar con él. Es de Barcelona, tiene 24 años y lleva dos años limpio. Me cuenta que la vida le puso dos opciones, la Modelo, el penal de Barcelona, o Reto, el centro de desintoxicación de Castellón. Eligió Reto. Tiene que quedarse un año más como mínimo, porque tiene causas pendientes con la justicia. Le pregunto por qué. Robo e intento de homicidio, me dice, se me fue la mano y pinché a uno.
Lo ha dejado todo, hasta el tabaco. Me dice que si se fumara un cigarrillo acabaría pinchándose. Me dice también que no lo echa de menos. Que echa de menos otras cosas. De repente estamos más cerca uno del otro, yo estoy en modo seducción. Le pregunto qué es lo que echa tanto de menos, mirándole a los ojos y sonriendo. Las mujeres, me contesta. Cargamos el ascensor de nuevo mientras su compañero baja un colchón por la escalera. Debe ser difícil, le digo. Yo no sé si podría, eso no se lo digo.

Han acabado y baja al camión. Los otros dos chicos están bajando un último mueble por al escalera, y es un octavo piso, así que tengo un rato con él a solas. Llamo al ascensor nerviosa pero está ocupado. Por fin llega y es él. Trae la factura, estamos sentados en las escaleras, uno frente al otro, mientras le dicto mis datos. Pago. Le pregunto si puede salir para quedar con alguien y me dice que no. Le miro nerviosa, me gusta y no sé que hacer. Tiene el pelo y los ojos oscuros y una boca grande y sensual de la que no puedo apartar la mirada. Llamo al ascensor y subimos los dos. Me ponen mucho los ascensores, pero no me atrevo a besarle. Le digo en un arranque de valor que es una pena que no pueda quedar porque a mi me gustaría ir a tomar algo con él.

Entonces, en el reducido espacio del ascensor y en un tiempo que me parece eterno, me mira.

Me mira como no me ha mirado en todo este tiempo en el que se ha comportado de forma educada y reservada. Me mira con una expresión muy dulce, tranquila. Son 5 segundos, pero en su mirada parece decirme, qué, ¿te gusto? A mí también me gustaría follarte, y no sabes cómo lo haría, te follaría aquí mismo como si hiciera años que no se la meto a nadie, te mataría a polvos, ahora mismo la tengo tan dura que me parece que me va a estallar.

Me turbo. Me sonrojo, tengo que inclinar la mirada y yo no soy tímida. Mi riego sanguíneo se ha concentrado en mi clítoris y apenas me queda sangre para alimentar mi cerebro. Estoy mareada y tengo un conocido dolor entre las piernas. Balbuceo una frase incomprensible y me despido.

He preguntado a Reto si pueden hacerse visitas a los internos. Me han dicho que tengo que llamar para pedir permiso. Que a veces sí y a veces no. En cuanto me vuelva a vivir a Castellón, llamo y tiento a la suerte.


María Llopis

El trabajo de María Llopis se mueve en diferentes medios y soportes, como la fotografía, el vídeo y el live art performance. Desarrolla una visión alternativa propia de la identidad sexual y de género siempre partiendo de un fuerte posicionamiento político feminista. Llopis está en la actualidad escribiendo un libro titulado Maternidades Subversivas y que tratará los temas de parto orgásmico, pornografía feminista y maternidad, maternidad transexual y trangénero, y partenogénesis, entre otros.

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